Imploro un latido

Otoño, narrando autobiografía del más allá

POEMA 14: “Entre la luz, el ocaso, y el contraste”

Imploro un latido en algún lugar,
que me haga sentir el juego jovial,
que vivía en ti. Ya no vivo, mas no muero.
Estoy rodando en un limbo, enrollada en un tronco,
disolviendo la savia, que corre, y crece.
Mantengo tu mano agarrada. Mis venas se dispersan;
incompleta mi vida, inconcebible mi razón que pierdo,
con cada vuelta de tuerca. Más allá de la finita sombra,
había un laurel que coronaba mis cabellos.
No soy tu reina, porque mis ojos de ninfa te enamoraron
demasiado. ¡Uy, qué penetrantes eran! Se respiraban rayos
a través de su sombra, inspirada en su brillante espesor.
Fue imposible nuestro amor, porque ojerosa
ya no dormí, desde que quejumbrosa, te conocí.

Únicamente imploré un latido al aire, a la distancia, al viento
embrollado que tenía que venir disparando flechas aladas.
Y tú, no sé si lo escuchaste desde algún breve montículo, pero
apareciste de repente y me robaste el último beso.

¿De qué color es mi dolor?

Amarillo como el gorjeo de los pájaros que no regresarán,
rojo como ese calor que me achicharra el ánimo,
azul como el hielo del mar que habita en mi morada.
¡Ay, olor de los días malsanos y dolor primario del alma!

Naranja como el otoño que decae y se recuerda en mi mente,
violeta como la noche espesa que apunta al alba,
verde como la libreta muerta de ideas y ya olvidada.
¡Ay, dolor secundario que lo envuelves todo en tu marcha!

Si pudiera pensarte, color, con solo verte te diría una sensación:
«Hoy me estás besando diferente en cada momento, en cada paso.
Nota el blanco del dolor: una diana. Yo su suma, luz y centro».
Pero noto lo negro, tu ausencia: una onda en el vacío de tus labios.

                                                                                    Helena Sauras

Imagen Creative Commons de Óscar Velázquez en FlickR

Interpretando un beso

Verano, interpretando nuestro amor

POEMA 7: “Entre la luz, el ocaso, y el contraste”

 

Aquella jovial víspera de San Juan,
te vi interpretando un beso
en el escenario de la ciudad dormida
y, quise ser la receptora de tus labios.

En la butaca me revolvía con fervor,
movías las manos acaloradamente,
tu actuación me abrasaba totalmente.
Con estupor, contemplé el atardecer más largo.
Un latido bombeaba en el cielo de tu obra.
Y quise quedarme en él, toda una eternidad.

Humedecida, me dormí en la noche veraniega.
Un sueño impoluto me rondaba,
Desperté, y vi la luna teñida de tu mirada.
Y, quise pintarla en el lienzo de mi cuerpo.

La huella de mi corazón brota y crece,
cuando, por fin, me acerco a ti.
Maquiavélico plan el que me puede.
Un rompecabezas el que me tuerce.

Besando entre el ayer y el hoy

¡Buenos días!

El autor del segundo poema que he publicado en mi página de Facebook es de Pedro Salinas. Lo habías adivinado… ¿verdad? Si lo sabéis, no os dé corte escribirlo. Si os equivocáis, no pasa nada… Podemos volver a jugar a las adivinanzas…

Rondaba el 1997 cuando descubrí a Pedro Salinas en clases de COU, porque es un autor que me entró en selectividad y que comenté. La verdad es que me encantaba su poesía, sencilla, y a la vez tan trascendental.

En este poema podemos apreciar una lucha entre el ayer y el hoy. ¿Habéis intentado atrapar un beso del ayer en vuestra memoria recordándolo? ¿A qué sabe lo efímero, lo inalcanzable? ¡Es tan corto el amor! El beso dura tanto como un relámpago, qué comparación más corta. Su recuerdo navega en la memoria del yo poético a la velocidad de la luz… Ufff, qué rápido, da hasta vértigo…

Atención al último verso: “te estoy besando más lejos”. El autor no besa unos labios carnosos, no. Besa el recuerdo de un ayer: un milagro que dura lo que él elige y puede quizás recrearse en “las bocas juntas del beso que se besaron”.

Ni qué decir que me encanta ese poema. Seguimos con los poemas, adivinando, participando, sintiendo, aprendiendo.

¡Hasta la vista!

 

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Imagen Creative Commons, “Beso al vacío” de Camila Mojica en FlickR

 

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