Lluvia fina de Luis Landero

«Lluvia fina» de Luis Landero es una novela de personajes donde cobran tanta fuerza, que te obligará a recordarlos.

A partir de una anécdota, una supuesta celebración familiar, saldrán los viejos rencores de cada uno. A través de los diálogos y de una buena confidente, Aurora, irás conociendo parte de su pasado y por qué se han mantenido distanciados durante tantos años.

Conoceremos la vida de Gabriel, Sonia, Andrea, Aurora, Horacio y de la madre. Como está escrito en la contracubierta, «Las antiguas querellas van reapareciendo como una lluvia fina que amenaza con formar un poderoso cauce a punto de desbordarse». Poco a poco, está lluvia inicial e imparable calará e impregnará al lector de gotas. Y cuando la termine, no le dejará indiferente.

Una novela emotiva, corta, pero muy intensa y acompañada de un inesperado final. Recomiendo su lectura.

Suspicaz, suplica tu mujer

Verano, interpretando nuestro amor

POEMA 12: “Entre la luz, el ocaso, y el contraste”

Suspicaz, suplica tu mujer
que te quedes esa noche.
Sumida, me abandono al bullicio
que brota de mi interior.
No hallo razón para quererte más.
A pesar de la dificultad, eres mi héroe,
extraño una epopeya que me dicte
mi lugar natural en este mundo.


Incómoda tu mirada,
cuando regresas al claro bosque,
con tu nueva motocicleta.
La mancha de carmín, efecto desmesurado.
Fogosa tu voz, me confiesa que ella ya lo sabe,
Nublados tus ojos, no nutren mis labios.
Tu matrimonio estancado, dices,
pesa más que una reja de hierro forjado
en nuestra amorosa e impropia relación.


¡Qué ola de libertad nos bañaría los pies
en los maravillosos años que nos quedan!
Mi juventud está huyendo un poco más a cada instante,
siento que pierdo mi tersura, repetida hermosura,
emigrando de mi gruesa trenza que antes envolvía.
Me mareo al ver cómo te marchas, y
mendigo acompañarte ni que sea una sola vez.
Afirmas pesadamente y suspirando a mares.

Otro verano nos baña la piel

Verano, interpretando nuestro amor

POEMA 11: “Entre la luz, el ocaso, y el contraste”

Otro verano nos baña la piel,
y yo, besándote intensamente la espalda,
porque no puedo hacerlo de frente,
Escribo en mi diario personal.

Diré que todo me hace sombra.
Soy la otra en esos días largos:
pardo, el contorno de mis ojos,
parco, mi sueño por no tener sosiego,
silencio, el secreto de mis labios,

Creo que un siseo desafortunado,
aumentará la sospecha en tu mujer.
Algún día cercano, nos sorprenderá.

Disimulan sentimientos mis gestos,
firmas autógrafos a tus seguidores,
Te sigo desde una distancia aparente,
porque yo soy la autora de tus sueños.
¿No crees, amor? Regálame una sonrisa.

Ese oscuro día,
mancho de carmín el cuello de una servilleta.
Inocentemente, tu camisa se asusta.

Nuestro fruto, un bastardo

Verano, interpretando nuestro amor

POEMA 10: “Entre la luz, el ocaso, y el contraste”

Sin moraleja, nuestra relación.
Sube una ceja sinceramente,
que me envuelva tu facción,
tu gesto, sorprendido al verme.
Una fabulosa fábula te relataría,
pero es tan oscura la realidad…

Siento pavor al pensarlo,
nuestro fruto, un bastardo;
rechazado por esta sociedad,
aún sin madurez de edad.

Voy a arreglarlo, a volar
por cielos extraños, extranjeros.
Pero la sangre me sorprende
en el aeropuerto. Me desmayo.

Aborto espontáneo, una palabra
tuya hubiese bastado
para que naciera la tranquilidad.
en mi rostro. Una lágrima muere
en la comisura de mis ojos, reprimida.

Tú no estás. No existe divorcio
en la punta de tus labios,
interpretando un papel estás,
Atado a ella de por vida,
vuestra unión es inquebrantable.
Lloro al tomar conciencia.
¡Es tan áspera la espera!
Me enseña el día, su alba más amarga.

Un piano repiqueteaba

Verano, interpretando nuestro amor

POEMA 9: Entre la luz, el ocaso, y el contraste

Un piano repiqueteaba una melancólica canción.
En el restaurante de tus labios,
comía con avidez y gana.
Acariciaba tus notas al recibirlas,
su olor a tinta perfumada, una bendición.
¡Qué grato aquel mensaje que anunciaba
un nuevo encuentro! Fulgor en mis entrañas.

Con donaire te miraba.
Tus ojos eran volátiles
en contacto con los míos.
Se escapaban de ellos las ajenas miradas.
El contacto de tus manos, melodía insuperable,
tejiendo una novela en mi diminuto cuerpo,
cada caricia, un capítulo sin fin.

Interminable nuestra historia. Así la sentía.
Sin temor, la vivía como algo mágico, inhumano.
Un piano se atranca en mitad de la melodía,
impropia fortuna que me desnuda sin mesura.

Quise gritar

Verano, interpretando nuestro amor

POEMA 8: “Entre la luz, el ocaso, y el contraste”

Quise gritar a los mil vientos
que te había conocido,
aspavientos murieron al contenerse.
El silencio se aplacó en el teatro de mis labios.

Despacio, nuestra relación constante,
como una hormiguita al trabajar,
pero cuántas cigarras cantaban en julio
entre el público, aplausos para verte actuar.

Tú tenías mujer, familia entera;
yo solo tenía un sueño: dirigir tu profesión.
Pero era un simple decorado de la función,
una extra con mucho interés en escalar.

Puse en acción mi llamarada más envolvente,
y te eclipsé con mis ojos de ninfa.
Desde aquel instante, me llamaste cada día,
oír tu voz, agitarse el pulso.

Tú también te enamoraste, como un adolescente,
en pleno calor veraniego, con el sudor brotando como perlas.
Las estrellas brillaban más densas en sus cortas noches,
inoportuna tu caricia, pesaba más que el plomo.

Me empapaba la vida ya presa de ti,
espesor que nos cubría por guardar apariencias,
esconderse en el claro bosque,
decidiendo el guion de nuestra fingida película.

El escenario de tus labios,
vive en cada fotograma de mi recuerdo.
La rama del destino
me cala más que el frío viento.

Bitna bajo el cielo de Seúl

Minientrada

«Bitna bajo el cielo de Seúl» de J.M.G. Le Clézio es una novela bella, cautivadora y reflexiva. Se aleja de recrearse en lo trágico de la vida e invita a vivir.

Bitna tiene el don de zambullirte en sus cuentos, que te inspiran curiosidad por saber qué ocurre a continuación. Inventados o no, te quedará la duda de si realmente son personas reales o simplemente personajes imaginados por ella. Historias fragmentadas con gran maestría, narradas con su propia voz para Salomé, que tiene asumida su enfermedad terminal.

Una historia diferente y original de todas las que me he leído. Y tan profunda que hará que la recuerdes, aunque pase el tiempo.

Cuatro historias, un destino: EL DESTINO

Olga, Sonia y Laura habían reservado el bar donde desayunaban cuando iban al instituto para hacer la cena de despedida. Aquel lugar las abocó a una serie de recuerdos que fueron surgiendo conforme avanzaba la noche. Entre risas, le hicieron un pequeño homenaje a Nieves, un collage de fotos donde salían las cuatro amigas desde sus inicios hasta la actualidad. La idea, aunque poco original, había sido de Laura que se había pasado horas enteras retocando las fotos en el ordenador, y Sonia le había escrito un poema tierno. La música era cosa de Olga que había grabado diversos CD con canciones que escuchaban en aquella época.

Nieves se emocionó y su emoción se trasladó a sus amigas que acabaron llorando. Quien lloró más fue Laura y con las manos temblorosas acabó derramando la Coca-Cola que le acabó mojando su vestido violeta.

Bien entrada la noche, abandonaron el bar y se fueron a bailar a la discoteca que hacía tiempo que no pisaban. Entre focos, ritmos y música, entraron en otra dimensión. Quien bailó más fue Olga que sintió cómo sus pies se movían solos, hacía tiempo que no experimentaba esa clase de libertad. De cuando en cuando, iban a la barra a beber un cóctel dulce, todas menos Sonia que se privó de beber alcohol porque era la que conducía. Ella era la que iba varias veces a la entrada de la discoteca para poder fumar. Laura la acompañaba. Aquella noche fumaba más que nunca, aspirando con fuerza el cigarrillo como si fuera el último de su vida.

Sonia le preguntó a Laura repetidas veces qué narices le pasaba, pero ella se negaba a responder. Tenía la mirada empañada y Sonia no pudo descifrarla, pero sabía que algo le pasaba. Laura sudaba deprisa, pero las manos las tenía heladas. El alcohol le iba entrando y, poco a poco, se le instauraba en la mente que abandonaba por unos momentos la realidad y le quedaba una sonrisa tonta. Nieves, rodeada de felicidad, también bailaba y contaba mentalmente los pocos momentos que le quedaban para casarse.

Al final, las luces de la discoteca se encendieron, indicando el final de la noche. Los ojos de las cuatro amigas se deslumbraron por la intensidad. Salieron y fueron hacia el aparcamiento. Olga subió al asiento del copiloto y Nieves y Laura al asiento trasero. El coche, conducido por Sonia, giró hacia la izquierda y entró en la carretera que las llevaría hacia casa. La música sonaba por los seis altavoces del coche, de una manera suave y discreta. En la recta, Sonia pisó un poco más el acelerador y se confió. La carretera gris se extendía solitaria a las cuatro y media de la madrugada.

Laura cogió las manos de Nieves y las acarició con pequeños movimientos circulares.

—Tengo las manos heladas. Déjame calentármelas con las tuyas —le dijo.

Y Nieves le pasó hasta un poco de su aliento para que las manos alcanzaran una temperatura más humana. Laura se sintió vivir con la compañía de Nieves y se quedaron con las manos entrelazadas.

Fue aquel cambio de rasante quien hizo aparecer el destino impasible y cruel. Dos faros se aproximaron al coche de Sonia a una velocidad sorprendente. Hasta que no lo tuvo encima, no lo pudo ver. No pudo frenar y el impacto fue tan colosal que el coche, después de dar varías vueltas de campana, salió disparado de la carretera y se estampó contra el margen derecho, una barrera dura como el mármol.

Al lado del margen había un árbol grande, un roble fuerte e inmóvil, que había perdido algunas de sus hojas. Murieron las cuatro en el acto, apagándose su vida en el instante efímero. Ambulancias, policías y bomberos llegaron al lugar del accidente.

Emilio, que conducía el otro coche, resultó ileso. Dio positivo en el control de alcoholemia ya que la superaba por varios puntos. Lo arrestaron. Pagaría una condena por un hecho irreparable, injusto como la misma vida. Del maletero del coche de Sonia, surgieron diferentes fotos arrugadas, que arrastradas por un viento suave que empezaba a soplar, acabarían debajo del roble.

Ese roble estaría lleno de flores variadas durante los próximos años, recordando el final de la vida de las cuatro amigas. Colores vivos por recordarlas, desde el amanecer hasta la puesta de sol. Y en las noches solitarias, las estrellas brillarían a ratos antes de ser cubiertas por nubes de tormenta entre los pensamientos de añoranza por parte de Óscar, Alberto, Alba y las cuatro madres que nunca aceptaron ese destino. Mirando el cielo las recordarían, y entre los recuerdos rotos, ellas vivirían por unos instantes dentro de la vida de los demás.

FIN

Cuatro historias, un destino: OLGA

Cuatro historias, un destino: SONIA

Cuatro historias, un destino: LAURA

Cuatro historias, un destino: NIEVES