Mi mundo literario

Las creaciones literarias bilingües de Helena Sauras

Tinc un replec de records que retinc enmig de la turmenta que m’ensenya a viure. I no me’n vull desprendre, perquè fer-ho, implicaria acceptar que he aprés a oblidar. I no en sé ni en vull aprendre. Si ho arribés a fer, seria com perdre els orígens, despendre’m de l’enuig i renunciar a que mai has existit.

Amb el record, puc anar d’un lloc a un altre sense arribar a moure’m. Això tampoc puc fer-ho. Tan simple com aixecar uns braços, com alçar les cames per poder caminar. Fa anys que em vaig abandonar al llit dels impossibles.

I el cap el tinc clar com el cel d’aquest poble on m’he retirat a passar els últims anys de la meva vida.

Abans que aquesta malaltia em deixés en aquest estat, podia sentir la riquesa dels teus llavis sobre els meus. Tu ja no t’hi atanses. No et mereixes aquesta condemna i te’n vas anar emportant-te entre plors el llibre de «Tot et serà pres».  L’havíem discutit fa una pila d’anys a l’institut. Encara no sabíem que ens tocaria de tan a prop. Estàvem junts, des d’aleshores.

M’he quedat nu d’esperances quan sento per la televisió com discuteixen el tema de morir en dignitat. I parlen uns, i contesten els altres. I em sento com un titella entre reixes. M’amarga tragar ràbia.

Perdona. No volia implicar-te en la meva mort i que paguessis condemna. Vas escridassar-me, perquè no et veies capaç de fer-ho encara que sé que, en el fons, ho anhelaves tant com jo. Vaig parlar-te de patiment. Em mirares al ulls i, per un instant, vaig sentir inclús com em perforares de pensament. I vaig sentir-me viu amb aquesta mirada i vaig desitjar creure amb un ésser superior que se m’emportés en aquell segon.

Però no crec que ho faci si no ho ha fet ja. No hi crec, però confio en què se’ns obri un dret. Ja no puc més. I la ràbia, mentrestant va pujant, mar endins. Te’n recordes de la pel·lícula d’Amenábar que vam veure plegats al sofà?  Una trucada ens va interrompre abans d’acabar-la. Havia mort el teu tiet i vam haver de vestir-nos i anar al tanatori. Una crua malaltia se l’havia emportat. A mi m’ha deixat presoner de remors i ja m’és impossible remar en aquesta mar.

Corren rumors que possiblement s’aprovi l’eutanàsia. I em salta el cor al imaginar-te novament. Et veig amb una perla brillant de mirada, perdent-se entre un dèdal de pols, entre camins que s’entrecreuen. Potser ens retrobarem en una altra galàxia un setze de febrer d’un any llunyà. Però per ara jo vull un últim batec i decidir amb llibertat.

Invierno, recitando versos

POEMA 19: «Entre la luz, el ocaso, y el contraste»

Hoy recuerdo hablarte, vida, desde ese ocaso
sin mirarte porque ya no tienes ojos,
hacia dónde ha huido tu mirada,
hacia dónde se esconde la calidez de esa vida fría,
hacia dónde escapa tu sonrisa cuando decae el día.
Las dudas aceleran el contraste en un lugar de la vía.
Profundo mi pesar porque me pesa el alma que ya no pía.
Un latido resuena en mi tórax, vida, malvas no cría.
En toda la vida, letras imaginé y letras imagino todavía.

Vida, no huyas. Canta más melodía, átame con tu cuerda,
sin abandonarme ni por unas horas. Inconsciencia que alcanzo,
pausada está la fuente, ya no renacen ideas.
ahogándose está el agua estancada…
Un llanto llora la fuente, hacia dónde se deslizan mis palabras…
En esa carretera abrupta, mi sueño es parco aunque me dispara el alma.

Las clases de literatura nunca me las saltaba. Prefería hacer campana en otras asignaturas. Hoy el cielo estaba a punto de romperse. Decidí resguardarme en el aula. Al menos podía sentirme afortunado porque este año me había tocado una clase sin goteras.

El profesor empezó a leer un poema y, mientras lo leía, entró en trance: “Con una cuchara, arrancaba los ojos a los cocodrilos…”. Me imaginé en Nueva York como poeta y me prometí que algún día iría allí. La voz grave del profesor retumbaba por toda la clase. La oda del rey de Harlem que recitaba sin detenerse me trasladó a un mundo oprimido. Experimenté dolor y pena. Cuando me di cuenta, mis ojos habían empezado a llover y se habían mojado los apuntes.

Avergonzado, miré a ambos lados, pero nadie se había dado cuenta de mi debilidad. Todos seguían atentos a la última estrofa. Las barbas llegaban al mar. Se me puso la piel de gallina. Mi piel tostada por el sol a fuerza de trabajar en el campo. Por eso, me había matriculado en aquellas clases. Quería aprobar el último curso del bachillerato y empezar a cambiar mi destino.

El cielo empezó a expulsar la gran sobrecarga que llevaba. Me sentí nube pesada por unos instantes. Las gotas empezaron a ser más densas y caían a gran velocidad. Era una tromba en toda regla. Las cañerías no daban abasto y el patio se empezó a inundar. ¿Sobresaldría el barranco que estaba a pocos metros del instituto? Nunca había visto llover así, con tanta fuerza. Tanta intensidad desplomarse en tan poco tiempo. ¿Se desbordaría el río que rodeaba la ciudad?

Mis miedos empezaron a acelerarse. No sabía nadar. En mi mente, se encendió un triángulo rojo, anunciando la situación de peligro en la que nos encontrábamos. El resto de los alumnos se habían subido a las sillas y el agua había empezado a entrar en el aula.

El profesor lamentó no haber suspendido las clases. Gesticulaba con las manos y creo que veía nuestro final. Moriríamos por un puñado de palabras, dichas con puro sentimiento.

Oímos un fuerte ruido. Alguien derribó la puerta. Respiramos aliviados al ver un casco amarillo. Un equipo de bomberos venía a rescatarnos.

Invierno, recitando versos

POEMA 18: “Entre la luz, el ocaso, y el contraste”

Se borran las letras de la almohada.
El roce de un sueño
olvida una lágrima
dibujando en mi cara.

Columpiándome al borde
de un abismo. Así estoy.
Salto hacia él.
Detrás de mí,
la oscuridad me absorbe
con sus ojos de cuero negro.

Ya no habrá más lluvia en mis pezones;
se agrieta la saliva, que antaño los cubría;
teñía de color mi voz;
hoy se ofusca y la siento desaparecer.

Sin habla estoy.
El silencio es una poesía
tímida de sentimiento
que desenreda mi alma.

—Tú ya no tienes alma,
—me chillan esos ojos negros
con tan solo una mirada.
Las letras huyen por el firmamento más hondo,
capa oscura, apagando estrellas.
Desde este precipicio maligno,
surge la máscara de un volcán;
disfraz que me engaña
tapándome con su manta cálida.

Me acerco más hacia ese fuego,
me abraso con el frío invernal,
mi lágrima tirita, helándose.
No llega ni un triste garabato
a la comisura de mis labios.
Desnudo ese beso fallido,
sin sal, y secando mis venas.

Invierno, recitando versos

POEMA 17: “Entre la luz, el ocaso, y el contraste”

Aquella capa gris me cubría
fuerte, ahogándome los sentidos,
aullaban tristes los gemidos,
por no encontrarte, vida.
Apagándote en la ausencia estás,
quebrándose el olvido,
de este sueño que se esfuma.

Esa que viene saltando metros lisos,
me sacude intranquila, de entre los tilos.
Kilómetros bastaron para ahuyentarme,
mas me hace crecer con su fina lupa.
Sucumbe mi mirada desierta ante ella.
Esa que vino por la carretera,
me hizo agitarme entera.
Me señaló con su dedo nefasto,
elegida de entre los alimentos del pasto.

Esta soledad, tan cercana,
no se abre en vano
mi mano para alcanzarla.
No es suficiente un paño
de lágrimas para secarla.
Violetas resecas empuñando un tallo,
está mi otra mano para acompañarla.

¡Ay, soledad! Que disfrutas de mí,
tu osadía siempre ha sido conocerme,
mejor que a mí misma.
Deshojar tu letra, mi perdición.
Cavando mi tumba estás,
en la isla de los fríos mares,
que se agitan desde la distancia,
marcando un reloj está la hora,
en la que el ocaso rodeó mi mala luna.

Al empezar el año, me propuse cumplir el reto de leer dos libros al mes. Lo he logrado y estoy contenta por haberlo conseguido. Veinticuatro libros me han acompañado este 2019

He leído catorce libros escritos por mujeres y diez libros escritos por hombres. Os explico a continuación por qué es así. He participado en un Club de Lectura mensual que organizaban en la biblioteca de mi ciudad con lecturas feministas. Ha sido la primera vez que participo en un Club de Lectura presencial y la experiencia ha sido muy buena. Además, he podido relacionarme con gente que tiene la misma afición que yo. A través de lecturas, hemos compartido experiencias y hemos podido expresar nuestra opinión. En 2020, espero continuar participando en estos clubs enriquecedores.

Con lo que hace referencia a los géneros literarios, empecé el año con un libro de relatos. Os estoy hablando de «Una noche en el paraíso» de Lucia Berlin. Eran pequeñas historias que alterné con un libro muy interesante: «El poder del mito» de Joseph Campbell.

En febrero, volví a releerme «El código Da Vinci» de Dan Brown para poderlo analizar en una clase virtual como oyente. Al mismo tiempo, disfruté de una novela feel good que me dejó un buen sabor de boca. Fue con «Todos los veranos del mundo» de Mónica Gutiérrez. Si no lo has hecho ya, te animo a leerla. No te arrepentirás.

En marzo, le tocó el turno a «El vientre de la ballena» de Javier Cercas. Es la primera novela que leo de él y me ha descubierto a un buen escritor. Me leí también la primera lectura para el Club de Lectura Feminista, pero por cuestiones de fuerza mayor, no pude asistir a la primera toma de contacto. Pero el libro me sirvió de introducción: «Tothom hauria de ser feminista» de Chimamanda Ngozi Adichie.

Llegó abril y con esta estación primaveral, decidí leerme «Feliz final» de Isaac Rosa. Lo recomiendo a todas las personas que han terminado con una relación de pareja. El libro está contado a dos voces y de una manera muy original analiza las relaciones humanas. La portada es preciosa. Al mismo tiempo, leí «Cartas a un joven novelista» de Mario Vargas Llosa. Cada capítulo invitaba a la reflexión y al final llegué a la conclusión que tenía que ponerme a escribir sí o sí. Que en lugar de leer sobre tanta técnica literaria era el momento de ponerlo en práctica.

«Todo el bien y todo el mal» de Care Santos, me aproximó al abismo. Y disfruté con sus personajes. Cuando lo terminé, descubrí que próximamente iban a publicar una segunda parte. Cuando llegue el momento, lo voy a leer. Espero que sea antes de pasarme más de media vida leyendo.

Fui a una actividad cultural que impartían en la biblioteca de Tortosa. Consistía en un taller de escritura. Lo hacían en la sección de libros de ficción. Con tanto libro, busqué si había tomos de una autora que me habían recomendado: Rosa Regàs. Casi salto de alegría cuando vi que, aparte de haber diferentes libros de ella, también estaba el libro que buscaba. Lo tomé prestado y «Música de cámara» se convirtió en uno de los libros favoritos de este año. La historia avanzaba con cada capítulo y con cada uno de sus personajes.

El Día del Libro me compré tres libros que he conseguido leer ya. Elia Barceló, con su edición de bolsillo que compré en mayo, me descubrió que había formas muy interesantes de narrar. «Las largas sombras» me recordaron un poco a «Media vida» de Care Santos, novela que leí el año pasado.

Continué con el Club Feminista con Leticia Dolera y «Morder la manzana» y la novela de «L’últim patriarca» de Najat El Hachmi, que logró sorprenderme por ese inesperado final. Con razón ganó el premio Ramon Llull en 2008.

Para continuar cumpliendo mi sueño de ser escritora, leí en versión Kindle «Mamá, quiero ser escritor» de Blas Ruiz Grau, para conocer otras experiencias de personas del gremio y no rendirme con mi objetivo.

Antes de las vacaciones, asistí al último Club de Lectura Feminista con «Teoría King Kong» de Virginie Despentes. Prometimos reencontrarnos en septiembre.

Gracias a la entrevista del programa televisivo de «Página Dos» descubrí «Bitna bajo el cielo de Seúl» de Jean-Marie Gustave Le Clézio, una fábula urbana llena de sensibilidad. La compré El Día del Libro, pero no fue hasta el verano cuando decidí leerla.

Cuando la terminé, le llegó el turno a «Lluvia fina», mi segunda novela favorita de este año. Me encantó la forma en que está contada y esa fatalidad de la que no podemos escapar. Es una novela de personajes que tienen tanto peso que parece que te están observando.

Con «Elena sabe», entré en una espiral y una enfermedad neurodegenerativa que me engullía y de pasó descubrí a una buena escritora, Claudia Piñeiro.

Al participar en un concurso de Youtube a través de un blog de literatura, gané la nueva novela de Víctor del Árbol: «Antes de los años terribles». Emocionada, no dejé de leerla y me consideré una persona con buena estrella por unos días. Muchas gracias a la editorial por enviármela. Ha sido una de las novelas más duras que he leído y celebro que el autor continúe descubriéndonos mundos e historias que están deseando ser contadas.

Empezando el otoño, también he cumplido el objetivo de leerme «Berta Isla» de Javier Marías, novela que tenía pendiente desde que fue publicada. Después de ella, le tocó el turno a «Un mar violeta oscuro» de Ayanta Barilli, finalista del premio Planeta del 2018. Me encantó. Y disfruté con la combinación de narradores y las historias que en ella se cuentan.

Volvió a funcionar el Club de Lectura Feminista de la Biblioteca con «La ciutat de les dames» de Christine de Pizan. Una autora veneciana del siglo XIV y se considera la primera obra feminista de la historia. Ha sido un libro muy interesante. Con su lectura he conocido leyendas e historias que no son nada conocidas en nuestra cultura. La Razón, la Rectitud y la Justicia son las tres damas con las que la autora dialoga y nos guían durante todo el libro.

Por último, «Càmfora» de María Barbal, libro con el que he participado este mes, me ha descubierto un juego de contrastes entre el mundo rural y el urbano. Ubicado en los años sesenta, una familia de un pueblo de Torrent que emigra a Barcelona. Es una novela bastante compleja, pero gracias a Montse Gatell captamos la mayoría de sus secretos. Pudimos apreciar las pinceladas que hay en todo el libro y reconstruimos las distintas piezas del rompecabezas. Me recordó la dureza de «Solitud» y alguno de los «Dramas rurales» de Caterina Albert.

Mientras leía el cuarto capítulo de «El latido de la tierra» de Luz Gabás, recibí una llamada que me abrió todo un nuevo mundo. Fue un cuatro de noviembre. Aquí se frenó un poco mi ritmo lector, para lograr el nuevo objetivo que tenía en mente. Próximamente os lo cuento. Ya me he extendido bastante con este post.

Pasad unas Felices Fiestas y una buena entrada de año.