Mi mundo literario

Las creaciones literarias bilingües de Helena Sauras

Entrevista en català -“De més a prop” per a la biblioteca

3 julio, 2020


Entrevista que em vaig preparar durant el confinament…

Les preguntes que em vaig preparar per a la biblioteca Marcel·lí Domingo de Tortosa (Al vídeo podeu escoltar les respostes):

Sóc l’Helena Sauras Matheu i el llibre que he escrit es titula «Las mil lunas de una mala mar», publicat per l’editorial Atlantis.

Quin has llegit durant el confinament? Quin llibre no t’has acabat mai?

Quina música escoltes d’amagat?

Quin personatge de llibre o de ficció t’agradaria ser?

Què estàs llegint ara mateix?

Recomana un llibre, una peli i una cançó

En quin llibre t’agradaria viure?

Has comprat alguna vegada un llibre per la seva portada?

De quin llibre dels que et van obligar a l’escola, tens un bon record?

A la platja, bany o lectura?

Paraula preferida

Una ciutat que t’encanti

Quin llibre t’agradaria haver escrit? Truita de patates amb ceba o sense?

La primavera tuvo esa manera peculiar de despedirse. Me regaló la única flor del patio de luces antes de evaporarse. Pensé que había durado demasiado. Además, la consideré atípica porque me había rodeado de más incertidumbre que nunca.  Dichosa era la flor. Para mí, la más valiosa y valorada, pero duró menos de veinticuatro horas. Se cayó y al despertar ya era VERANO.

El bochorno me azotó antes de la verbena.

Y aquí sigo y saludo al VERANO. San Juan me espera impaciente. Espero que nuestra relación dure más que la flor caída.

® Helena Sauras

#microrrelato , #verbena #VerbenaSanJuan #LoEfímero #InicioVerano #CalorSofocante #bochorno #flor #DespedidaPrimavera #PrimeraCita #ValiosoPeroBreve #ComienzoRelación

Recuerdo perfectamente cómo llovía. Creo que fue en mayo, hará unos siete años. Fueron años de soledad, de pérdida de confianza por la baja autoestima, de cuesta abajo hasta tocar fondo.

A escondidas, mi amiga y yo descubrimos el primer veneno aprobado teóricamente por nuestra sociedad. Teníamos catorce años. Y caímos sin darnos cuenta en esa trampa que nos arrastró como una serpiente. Nos atrapó en sus redes y nos está devorando sin piedad.

Fue lento. No caímos de la noche a la mañana. Después del primero, vino otro. No al día siguiente, pero sí a la semana. Y poco a poco, fuimos aumentando la dosis para alimentar a la serpiente que cada vez pedía más. Y en la actualidad, sigue pidiendo su dosis más preciada: la nicotina.

Photo by Megan Forbes on Pexels.com

Ayer por la noche decidí dejarlo y abandonarlo para siempre. Pero esta mañana, al despertarme, lo primero que he hecho ha sido encenderme otro cigarrillo. Y fumar sin parar hasta mediodía.

Después de comer, el pecho me dolía. No sé si eran imaginaciones mías o me dolía de verdad. Y ahora mismo, mientras escribo estas líneas, siento pinchazos en la parte derecha del pecho. Siento que me hundo. Voy a la deriva. Tengo que salir de ese túnel de humo que me invade por completo durante todos los días.

Por la tarde he trabajado y, como no se me permite fumar, (tendría que dar gracias por no permitírmelo), me he sentido mejor. Hasta he hecho el trayecto hasta el trabajo sin fumar lo que me ha motivado.

Pero al salir, la serpiente me ha vuelto a arrastrar y he vuelto a meterme un cigarrillo en la boca y a aspirar su veneno. Me siento sucia y necesito abandonarlo. Quiero ahogar su voz, porque no cesa de pedirme otro. Deseo callar a ese reptil asesino.

Hoy el sol ha desaparecido por completo y ha vuelto a llover a las ocho de la tarde. Y en medio de los charcos, he vuelto a fumar y me he sentido estúpida y sola.

Ella no tiene habilidad ninguna para recogerse el pelo ni tiene tiempo para preocuparse por su cabello. Prefiere dejárselo al aire y que sea el viento el encargado de moverlo a izquierda o derecha. Ya hace tiempo que el viento es su peluquero más fiel. De vez en cuando, éste se detiene y deja ver su cabellera tal cual: lisa, densa, perfecta.

El duro trabajo le curva la espalda. Cuando llega agotada, la beso y, por un momento, soy el viento que se cuela por su parte más íntima. Ella engulle la cena que le tengo preparada con apetito. Espero abandonar la lista del paro y repartirnos las tareas domésticas.

® Helena Sauras

Photo by Lina Kivaka on Pexels.com
Mi boca está rota.
Rota por la soledad,
rota por la sanidad,
rota por el silencio.

No es miseria ese beso
que nos une,
que atraviesa como fuego
nuestros labios.

Nuestras lenguas juegan
ante la adversidad
de esa guerra que estalló sin más.
Te vi y me perdí en tu mirada.

Tenías el poder del gesto
y estabas hundida entre los escombros.
Yo, pobre de corazón con mi fusil.
(El resto ya había muerto para mí).
Y me salvaste con tu boca.
® Helena Sauras
Photo by Luiz Gustavo Miertschink on Pexels.com

Nos gusta que Sofía nos arrastre para deslizarnos al estante de abajo y colarnos entre las letras de los cuentos. A través de ella, aprendimos lo que era el saber y la fuente de nuestra imaginación fluyó durante décadas. Somos ricos en sueños que alcanzamos con cada género literario. Vemos el lomo del libro, y según nuestro interés, entramos en él. Nos fascinan las metamorfosis y nos convertimos  en príncipes o en mendigos en cuestión de segundos. Cuando alguien compra, cambiamos de casa para multiplicarnos en los días siguientes.


El problema vino cuando Sofía aprendió a limpiar de verdad y acabamos en el trapo. Nos intentamos escapar para volver a alguna estantería de aquella librería tradicional.  Hace días que no viene nadie aquí. Hemos oído que no van a traer ninguna novedad más, aunque tenemos literatura para rato.

El dueño ha echado el cierre definitivamente. La curva de su sonrisa, tan plácida a los clientes, se acabó congelando debido a la crisis en el sector. Intentamos abrazarle para darle coraje, pero estornudó. Deberíamos saber que Sancho siempre ha sido alérgico a los ácaros ya que somos las diminutas partículas de polvo que conforman su negocio.

Helena Sauras