Mi mundo literario

Las creaciones literarias bilingües de Helena Sauras

Em xafes la guitarra
i jo em despullo del temps.
També em despullo de les idees
inútils, les que no ens fan avançar,
les que ens han posat de cap cap al mur.

Busco unes paraules que compartir,
Amb tu i amb ella. 
Ambdues. 
Juntes. 
Cos a cos.
Ens queda una conversa pendent.
T’atreviràs a parlar sense fal·làcies?
Tal com cal. 
No emmascaris les ombres terrorífiques.
Despulla’t també dels fulls i mira’m als ulls.
Et canto un somriure de diàleg, sense presses.
A través de la paraula podem traçar una paràbola
per arribar al mateix punt.
O podem creuar un pont
per caminar plegats. 
Com els valents, 
ni en perpendicular ni en paral·lel,
sinó agafats de la mà.

Pot ser no ens segueixi ningú.
Pot ser no ens escolti ningú.
Pot ser sigui un risc per tots.
Però si no parlem, no ho sabrem.


(22/10/2019)
Publicat a l'Antologia de Poetes de l'Ebre 2019
®Helena Sauras

20/10/2019

Aquest matí la Margarida no ha pogut anar a treballar. S’ha quedat durant més de tres hores atrapada a l’autopista. Alguns dels altres cotxes que hi havia intentaven fugir d’allí. Feien marxa enrere i sortien pel carril d’incorporació. Ella no s’ha atrevit. Pensa que té mala sort. L’interessava quedar amb aquell client i acabar d’enllestir la comanda. Sap que el temps no espera. I té por que el client es faci enrere, trobi alguna cosa millor i perdre l’oportunitat del seu esforç.

Quan aconsegueix arribar a casa seva, encén la televisió i no comprèn el què veu. Sembla ser que aquest moviment, que s’anomenava pacifista, s’ha acabat radicalitzant en alguns llocs. El que ella temia des de fa anys ha acabat passant. Era una espurna molt perillosa que ha acabat esclatant. I ara no sap què fer ni com comportar-se. Ningú li ho ha ensenyat, però vol ser fidel al què pensa i apostar per la convivència.

Ara només li queda la incertesa de què passarà. Si podrà anar a l’hospital a substituir a sa germana aquesta tarda o si les carreteres continuaran tallades. La malaltia de sa mare tampoc espera. Pot ser sigui l’última setmana que la vegi en vida.

A l’endemà desperta cansada. Per la nit hi ha hagut aldarulls que no l’han deixat dormir. Vol amagar-li la situació a la seva filla, que viu a l’estranger. Però, quan escolta la seva veu, se li trava la llengua i un sanglot li puja per la gola.

—Estàs bé, mare?

I la Margarida només té tristesa que li regalima galtes avall. La tensa situació que estan vivint pensa que ningú se la mereix. Aquest divuit d’octubre tampoc ha pogut anar a treballar. Veu a un grup reduït de joves, massa joves, que li impedeixen passar. Han cremat unes quantes rodes i el fum li fa plorar la ràbia acumulada dintre del cotxe. Té ganes d’escridassar-los: «La vostra llibertat acaba on comença la meva!». Però es conté. No voldria posar més llenya al foc amb un crit.  O pot ser és perquè la mirada d’alguns la intimida. Manté com pot la calma. Sigui el sigui el que li ha fet reprimir-se, espera que les flames s’extingeixin i que la circulació es torni a obrir.

Avui serà un altre dia que s’acabarà, allunyat de la convivència i amb una crisi accentuada de valors. Aquesta tarda té ganes de trobar en els braços de sa mare la protecció, la comprensió i el respecte perduts. Vol que aquesta abraçada sigui més que un bàlsam. I es rebel·la a enterrar aquests valors.

®Helena Sauras

Photo by Pixabay on Pexels.com

Aquella tarde pintaba en silencio. La guerra hacía meses que había comenzado en su comunidad. Le daba miedo salir sola a la calle, por si alguien la increpaba por sorpresa con violencia. No se fiaba de nadie. La luz de algunos de sus vecinos llevaba meses apagada. ¿Hacia dónde habían huido? Su edificio apenas conservaba su propia luz, la que intentaba conseguir imitando a uno de sus pintores favoritos: Van Gogh.

Aquella semana Clara continuaba pintando, aunque el sol no saliera apenas para ella. Se avecinaba un otoño difícil de describir. En su vida no había visto nada parecido y evitaba cruzarse con nadie. La guerra de símbolos continuaba en las calles y, lo más lamentable, en los espacios públicos. Aquel verano había sido incierto, con las playas llenas de cruces amarillas, simulando un cementerio. Ella no había tomado el sol, quizás otro año más calmado, con menos crispación en las toallas y, con los nudillos apretados, estuvo a punto de morder el pincel. Era ira contenida.

Por la noche, la mujer intentaba aprender técnicas plásticas. Y una vez las dominase, esperaba encontrar su estilo propio. La pintura se había convertido en su obsesión y, mientras pintaba, sentía que el amarillo de sus girasoles la acercaba a la composición que había creado y hacia la vida. Un jarrón que simulaba a su país, España, y un girasol para cada comunidad autónoma. El jarrón contenía todos los girasoles.

Chasqueó la lengua al ver el resultado final. Había algún girasol que protestaba porque se pensaba que era mejor que los demás y reivindicaba que no se le había tratado como debía.

—Tranquila, es solo ruido —se dijo.

Y se enchufó los auriculares y, con la música animada de Rozalén que sonaba en la radio, fue terminando su obra.

Evitaba hablar del tema con ninguno de sus conocidos, pero mientras tanto fue pintando cada día un poco más. Siempre podría cambiar el color, dependería del cristal con el que se miraba. Para ello, tenía varias gafas de sol con los cristales tintados para cada momento. Pero aquel día supo que se tenía que encontrar la manera, a pesar de que algunos se empeñaban en continuar en el mismo callejón sin salida.

—Tienes buena estrella, Clara. De ti dependerá conservarla —dijo su vecino al volver y cruzarse con ella en la escalera.

No supo si tomárselo como un cumplido o una amenaza, pero al apreciar el tono calmado de su voz, Clara le sonrió. Y fue esa forma simple de comunicación, la que pudo empezar a suavizar la convivencia. Atrás quedarían los insultos, las pintadas, y la quema de banderas. Había pasado una temporada en prisión por la violencia con la que pegó a otro vecino por colgar una bandera, que contenía una estrella. El daño estaba hecho y la denuncia no tardó en llegar.


Por fin, Clara ha encontrado su voz propia después de su ruido interior. Aprender a convivir en la diversidad desde la paz, desde el respeto y el diálogo, pero siempre dentro de la ley y la constitución. Tiene pensadas nuevas composiciones en un futuro. Otras series de cuadros independientes, que la obliguen a seguir pintando.

Clara piensa que somos ciudadanos de un mundo revuelto, pero pertenecemos a él por más que nos empeñemos a mantener una actitud crispada y a veces distante. Desatemos los nudos que nos atan, ya no importa el color, cada impresión importa, pero con la suma de todos. Los lazos amarillos son solo una protesta como las pinturas de Clara, que defiende otra perspectiva, pero no por ello tiene que ser silenciada. Y si a alguien no le gusta el color, que se ponga otras gafas de sol y dibuje otra sonrisa. ¿Podemos reinventar y dejar atrás la guerra de símbolos?

España tiene muchos cristales, tantos como comunidades autónomas. Como los girasoles, en días nublados nos buscaremos y nos miraremos de frente. Si no hay sol todos los días, al menos nos tendremos unos a otros para compartir nuestra energía, porque nos necesitamos.

®Helena Sauras

Imagen de la web
Imagen de la web que me inspiró a escribir el relato
La ene se quita el sombrero y te acaricia
No es quimera, aunque te ha salido un chichón
por la caricia brusca de la tierra
te freiría un buñuelo con chocolate
para tomar a la hora del desayuno.

Siéntate y hablemos, un quejido rompe el aire,
hay hombres insaciables segando,
es un mal año para el entendimiento,
tu mirada se hunde y se esconde.

No pongas fronteras
que la historia enseña a aprender.
No cojas la parte que te interesa,
un sentimiento no se puede romper.

La ene y la griega iban unidas
y unidas seguirán,
el ensueño te vence.
La grafía se separa y se pone el sombrero.

¡Adiós! ¿No quieres decir hasta pronto?
Tres ramas se enfilan,
tu mujer me guiña el ojo
mientras la tuya estaba picando.

Desde el exilio, Oñar,
todo toma otro color,
blanco de luna es este baño
que me rodea, miro por la cerradura
y veo una estrella fugaz que cruza el cielo.
Ya no me hace ningún daño.
¡Entendimiento! La Tierra continúa girando.

®Helena Sauras

Curvas de sangre o 28 poemas feministas

Fonema ñ

Photo by Veerendra on Pexels.com

—¿Hay alguien ahí?

El cuarto estaba vacío. Podía lamer su ausencia como cada tarde. El paso del tiempo había erosionado también sus huellas, ni un triste perfume rondaba a su alrededor, como si en años no lo hubiese habitado nadie. Solo había una amplia telaraña en el techo y olía a polvo repleto de ácaros.

Un vahído la asaltó y le hizo golpearse la cabeza contra el suelo.

Y soñó, tendida sobre las baldosas frías, como solo sueñan algunas mariposas antes de morir, resignadas, camino a la Muerte. Quietas, esperando su hora sin revelarse, sumisas y sometidas.

Se despertó sobresaltada, con esa angustia propia de una madre que padece, que intuye, que conoce el desenlace con antelación.

Pensar que le había podido pasar algo. Era su vida, la que había sentido en sus entrañas, y había sido tan breve… ¡Qué efímera! Vivir para contarlo. Ella, que no tenía ningún derecho ya, por haber sobrevivido a todo aquel dolor.

Miró a su alrededor, se tocó la panza en un acto reflejo. El cuarto continuaba vacío de ilusiones: era su propio cuarto. Y no se acostumbraba a vivir con ese vacío interior, que le quitaba la sed durante la mayor parte del día.

—¿Hay alguien ahí? —Su voz rebotó de incomprensión por aquellas cuatro paredes manchadas de moho.

Se incorporó. Ahora se encontraba sola y mareada, pero se puso en pie. Por sus muslos bajaba algo de sangre. «Otra menstruación para la colección», pensó decaída.

Por mucho que preguntara, nadie le respondería. Y aquel cuarto menguaba desde hoy un poco más, porque le quedaba un óvulo menos en su lucha (imposible) contra el paso del tiempo y su obsesión por ser madre…

®Helena Sauras

Photo by Pixabay on Pexels.com

El cel es veia d’un blau més clar al teu poble. I ho vas dir tan segura, que ningú va posar en dubte la teva credibilitat.

Ballaves i cantaves tot el sant dia, però t’amagaves quan veies l’ombra de ta germana. Ella et recordava que el que feies no estava bé, perquè hauries de guardar el dol. Tu et resisties a creure-la, però li tenies por. No es pot guardar dol per tota la vida, enterrant el somnis, els anhels i els desitjos.

Tenies un desig bullent per viure la vida a la teva manera, admirant aquest cel més intens de Beseit, el que els turistes, que ara arriben, veuen trencat pel so de les campanes. Però tu rius, i dius que no toquen a morts. Avui el repicar de les teves mans sona a bàlsam. Els turistes s’allotgen en una casa que està plena del teu esperit. Els bufaràs un pessic de la vida que et vas perdre. Al cementiri no t’hi vas voler quedar i vas decidir romandre a la teva cambra pròpia, envoltada de natura. La teva neboda, aconsellada pels temps de bonança i pel paradís de l’entorn, va convertir la teva llar en una casa rural. Des de que vas morir, no la va voler veure tancada i es va animar a veure-hi visitants durant totes les temporades.

A l’estiu, sents parlar a qui t’ha ocupat l’espai. És un matrimoni jove que té una nena d’uns deu anys. Recordes quan et banyaves en aquesta piscina natural, com l’aigua et remullava els plans d’aleshores i com la maleïda guerra va esguerrar-ho tot. Però ja no és temps per recordar tant. El teu cant continua hàbil. Veus com la nena s’ha quedat esbalaïda notant la teva presència quan es treia el banyador, i penses que et pot escoltar. Li transmetràs la vida que et vas perdre per a què ella balli sense aturar-se per la seva? Carmeta, eres una supervivent, per què et vas enterrar en vida?

Avui és setze de juliol i recordes com era el teu sant. No tardaves a celebrar-lo entre els teus familiars. No faltava ni xocolata, ni dolços per fer més lleuger el teu dia. I penses en els teus pares, els teus germans i tots els amics que t’acompanyaven. I si hi penses més, fins i tot pots recordar aquesta mirada prohibida que et feia bategar d’una manera especial el cor. Quan vas descobrir l’amor, era tan aviat que vas aprendre’l a retardar-lo. Pensares que et quedaven molts d’anys per davant.

Només et van quedar gravats els braços que et van rodejar en aquest ball robat de les festes populars. I vas pensar que no t’importaria continuar ballant tota la teva existència si era amb la seva companyia. L’esclat del primer bes et durà tota la vida.

I notes com els ulls se t’humitegen i la nena li diu a la seva mare que de la paret hi surt aigua. La senyora diu que baixarà a recepció a comunicar-ho i se’n va.

La nena, que es diu Eulàlia, no tarda en comprendre’t i es posa a bellugar les cames i a donar salts per tal d’arribar al que li estàs explicant. Després balla a bon ritme i la faldilla se li aixeca més amunt dels genolls.

Però aquest no és un moment de tempesta d’estiu. El cel es veu ben clar i els pares s’alegren d’haver escollit aquest indret per estiuejar. Si no fos pel repicar que tenen les campanes… Cada quart d’hora marquen un to, per a què no ens oblidem d’elles. I cada hora toquen com folles i no paren de sonar. Com si fóssim temps i no ens poguéssim desempallegar d’ell. Aquí es ve a descansar, es queixa el pare. I la mare, a qui ha atès la neboda pel tema de les humitats, admet que s’ha equivocat d’haver escollit aquesta casa rural tan a prop de l’església i de la plaça. Hagués estat més adequat haver triat una casa perduda pel mont, perquè a l’Eulàlia li agraden molt les ovelles. Sembla ser que ha descobert aquest any com pasturen, i des de llavors vol venir a viure aquí. Això els ha comunicat als seus pares, que no l’han pres en serio, i s’han posat a riure de les ocurrències de la seva filla. Però l’Eulàlia parla de debò i, al sentir-te, encara no entén com es pot amagar tanta tristesa enmig de la naturalesa.

Has parat de plorar, Carmeta. No és bo que la nena et continuï sentint així, amb aquest lent lament. Tu eres alegria i intentes somriure. Amb l’ambient sec, les taques de la paret s’han acabat secant i, quan ve a veure-les l’encarregat, pren a la mare de l’Eulàlia per boja. Una tiquismiquis de turista, de ciutat havia de ser.

I continuaràs fent arribar el teu cant durant tota la nit a l’Eulàlia que somia que balla com una baldufa, empesa en cada gir per una força desconeguda, la força de viure. I a l’endemà es despertarà molt cansada, però amb ganes de continuar amb les vacances. Tot és un descobriment per a ella i plena de curiositat li diu a sa mare que vol ser ballarina, però que no vol anar de puntetes, sinó que vol ballar a peu pla per tot el poble i a la vista de tothom.

Aquesta és la idea que li has transmès a la pobra nena. No t’has d’amagar mai del que sents i del que vols. I has de lluitar fort per aconseguir-ho. Bon consell, però a tu, Carmeta, el dol no et va deixar fer res. I acabares com una vídua de la teva època sense ser-ho, perquè no et vas arribar a casar mai, enterrada en vida i supervisada pels ulls durs de ta germana.

I ara, cant de cants, cantes, Carmeta, en honor al teu nom. La teva veu degota per totes les fonts del Matarranya  fins arribar a l’Ebre, pare de totes les aigües d’aquestes comarques. A la fi, t’has atrevit a viatjar per Terra Alta i pel Baix Ebre, fins arribar al delta on desembocaràs a la mar Mediterrània. Perquè portes amb tu la força que totes les ones envegen: el reflex d’una vida mal emprada, però que no s’atura en fer-se notar.

Aquest setze de juliol, només queda el teu esperit rebel, que encara crida pels Ports que això no es torni a repetir. I contagia a  dones, a través de les ones, per tal que la teva idea s’estengui des de la mar fins al cel. I les campanes de Beseit continuaran repicant sense apagar-se per molts d’anys, acompanyant l’Eulàlia, que ha ja crescut, i la seva futura família.

® Helena Sauras

Descarrega el relat en pdf