Mi mundo literario

Las creaciones literarias bilingües de Helena Sauras

Otoño, narrando autobiografía del más allá

POEMA 14: “Entre la luz, el ocaso, y el contraste”

Imploro un latido en algún lugar,
que me haga sentir el juego jovial,
que vivía en ti. Ya no vivo, mas no muero.
Estoy rodando en un limbo, enrollada en un tronco,
disolviendo la savia, que corre, y crece.
Mantengo tu mano agarrada. Mis venas se dispersan;
incompleta mi vida, inconcebible mi razón que pierdo,
con cada vuelta de tuerca. Más allá de la finita sombra,
había un laurel que coronaba mis cabellos.
No soy tu reina, porque mis ojos de ninfa te enamoraron
demasiado. ¡Uy, qué penetrantes eran! Se respiraban rayos
a través de su sombra, inspirada en su brillante espesor.
Fue imposible nuestro amor, porque ojerosa
ya no dormí, desde que quejumbrosa, te conocí.

Únicamente imploré un latido al aire, a la distancia, al viento
embrollado que tenía que venir disparando flechas aladas.
Y tú, no sé si lo escuchaste desde algún breve montículo, pero
apareciste de repente y me robaste el último beso.

Otoño, narrando autobiografía del más allá

POEMA 13: “Entre la luz, el ocaso, y el contraste”

Tu suspiro pesaba más que el aire,
más que el viento de esta tierra,
que desordena travieso los olivos.
Más que nada, me pesaba tu suspiro.

Desalmada, cada vez que el peligro
desafiaba el riesgo que corrías.
Contenta, cuando volvías con la motocicleta.
¡Qué desagrado tan grande cuando la compraste!

Desamparada, por el miedo que te apuntaba,
creyendo que no era más que una flojera de las mías.
¡Y qué descanso cuando ponías los pies en el suelo!
Intuición que flotaba en el aire, diré que fue,
por no llamarlo de otra manera.

Tu índole no era ser veloz,
pero el viento te arrastraba volando
como a una hoja seca.
Aquel día nublado, quise acompañarte,
clavé mis pechos en tu espalda,
y me agarré fuerte.

La fuerza temprana del viento,
la fina lluvia que caía en los talones,
mojando la tierra a cal y canto
aquella brusca y pronunciada curva,
y el Ebro, impasible, cuando reflejó
dos faros que vimos demasiado tarde.

Salté por los aires,
por los vientos de nuestra tierra desordenada,
un remolino me agitaba ahogándome,
imprevista la tempestad que lloraba,
y las campanas repiquetearon doce cantos
de un sino que destejía nuestro cuento de hadas.

No has tardat a decorar el meu cor d’agradables desitjos i, prefereixo abocar-me a aquesta agradable sensació. Però tu no hi poses cor. Estàs atabalada i tens pressa per acabar. Jo em quedo pensant que no hi tornaràs. Però a l’endemà, abans de les nou del matí,  tornes a despertar-me, a vestir-me i a pentinar-me els cabells. I fem els exercicis que em pertoquen.

Em pagues amb un somriure abans de tornar a marxar i jo et donaria calés que agafaries amb lentitud. És l’únic moment del dia que em veig capaç de tot. Però tu acabaries per deixar-los damunt la taula. El bàlsam que m’has posat per fer-me funcionar els músculs ja ha estat absorbit per la pell. I si em concentro, encara puc notar el seu aroma a l’ambient.

I ara m’agafa una punyent pena, perquè no soc res sense la calidesa de les teves mans que m’ajuden. Sense tu, cauria a un forat del que no m’aixecaria. I em sento com una trista marioneta on el destí s’encarrega d’anar-me prenent els fils dia a dia. Tinc por que un dia perdis les claus i ja no tornis. No podria obrir-te. I això que la porta del meu cor sempre estarà oberta per a tu.

M’he creat un paradís carregat de somriures per resistir, lluny de la dependència que em provoca la barrera del meu cos. Únicament per viure, mentre la vida avança de pressa. Cada segon, menys esperança, però tinc el caliu de la ciència que investiga. Sense ella, tot seria més feixuc. I també sense l’oportunitat de veure’t cada dia, que m’obren d’alguna manera aquestes ganes de viure, que m’empenyen a fer tot el que em mana l’equip mèdic.

Penso si no m’aferro a un impossible, i si alguna vegada podria tornar a la vida d’abans. Aquella que, en un determinat moment, podria arribar a seduir a una dona. M’era fàcil fer-ho. Ara fa temps que no puc. Des de l’accident, tot ha canviat. Tu em veus com una persona malalta i jo et veig com la joia més preuada de cada dia. Si no ens haguéssim conegut en aquestes circumstàncies, ¿m’hagués fixat amb tu? Possiblement no.

Abans em fixava amb l’embolcall i no amb l’interior. L’accident m’ha fet canviar i percebo les coses de manera diferent. Per això no entenc com pots tenir tanta pressa per acabar. O potser sí. Després de passar-te la teva jornada laboral entre pacients, una nena, el centre del teu cor, et reclama. I no vols tardar en anar a buscar-la a l’escola bressol ni cinc minuts.

Escribía de espaldas al mundo. Fuera de su casa, pasaban sucesos terribles. De vez en cuando, los visualizaba desde un pequeño televisor, pero ella prefería ensanchar su mundo interior. Aquellas palabras la acompañarían durante toda la vida. Eran insignificantes sus historias, narraciones mundanas, pero ¿acaso el universo brillaba distinto desde que ella existía?

No necesitaba mucho para imaginar. Solo que su mente pudiera crear nuevas ideas. Algunas nacían como una tormenta. Era cuando se sentía inspirada y dejaba que fluyeran llenándola de energía. Se sentía feliz cuando esa sensación ocurría, como si una dosis de vitaminas fuera inyectada para impregnarla.

Otras veces, se forzaba a escribir para hacer desaparecer la melancolía que en ocasiones la invadía. Era cuando no tenía ganas de levantarse de la cama y, se quedaba sin fuerza, como si un cortocircuito hubiese recortado la comunicación entre sus neuronas.

Navegaba entre un universo de contradicciones y sus historias nacían precisamente de ahí, de sus conflictos interiores. Hilvanaba sus palabras con maestría porque le había dedicado tiempo a su aprendizaje. Era cuestión de técnica y de mucho trabajo. En ocasiones, se aventuraba a probar tramas novedosas. Podía ser original hasta la médula y lo hacía hasta quedar exhausta.

Sentía placer por escribir y no buscaba reconocimiento, ni éxito, ni nada que la hiciese ser diferente a los demás. Lo hacía porque, mientras enlazaba sus pensamientos en palabras, se sentía viva. Había construido una burbuja hecha a su medida y sus miedos, los que evitaba mirar en el televisor, habían desaparecido.

Imagen Creative Commons de Pixabay en Pexels.

«Elena sabe» de Claudia Piñeiro nos narra la historia de una madre que quiere saber qué pasó con la muerte de su hija. La investigación se da por cerrada, pero Elena no la da por terminada y empieza a investigar por su cuenta.

Pero Ella, la enfermedad neurodegenerativa que padece, no se lo pondrá fácil. Elena intentará continuar hasta el final para saber quién asesinó a Rita.

Una novela que te mete de lleno en un cuerpo enfermo y llegarás a sentir cómo lo hace la protagonista, andando por los suburbios de la capital, yendo en transporte público y conociendo a los diferentes sospechosos del crimen.

Es un libro corto, 200 páginas, pero con un mensaje claro: «Es un relato que rompe el silencio y se pronuncia en voz alta sobre la libertad de elegir».

Portada de «Elena sabe» de Claudia Piñeiro

«Lluvia fina» de Luis Landero es una novela de personajes donde cobran tanta fuerza, que te obligará a recordarlos.

A partir de una anécdota, una supuesta celebración familiar, saldrán los viejos rencores de cada uno. A través de los diálogos y de una buena confidente, Aurora, irás conociendo parte de su pasado y por qué se han mantenido distanciados durante tantos años.

Conoceremos la vida de Gabriel, Sonia, Andrea, Aurora, Horacio y de la madre. Como está escrito en la contracubierta, «Las antiguas querellas van reapareciendo como una lluvia fina que amenaza con formar un poderoso cauce a punto de desbordarse». Poco a poco, está lluvia inicial e imparable calará e impregnará al lector de gotas. Y cuando la termine, no le dejará indiferente.

Una novela emotiva, corta, pero muy intensa y acompañada de un inesperado final. Recomiendo su lectura.