Mi mundo literario

Las creaciones literarias bilingües de Helena Sauras

La vida

21 marzo, 2021

¿Hacia dónde has partido, amor?
 Lo busco y no lo encuentro.
 Ya no quiero ese espacio. Está vacío.
 Y ya no amanecen las vivas ilusiones.
  
 ¿Hacia dónde has escapado, tiempo? 
 Retrocedo en cada recuerdo.
 Me ahondo en el frío sofá.
 Sombras de luz mi llanto dibuja.
  
 Es mi lugar aquí.
 Es mi momento ahora.
 Amor propio, regresa y cuéntame
 cómo vivir mi vida, la que se me escapa. 
  
 Como un transeúnte perdido en la ciudad,
 como una manecilla parada en un segundo,
 así transcurre y así se va la vida.
 ¿Pero, qué quedó de ella? ¿Qué me deparará? 

® Helena Sauras

Odiaba que le registraran los bolsillos. Era un atentado contra su intimidad del que siempre salía perdedor. En un momento todo quedaba a la vista de los demás. No podía ir a la playa sin ser descubierto. Posiblemente sacaría algún objeto lleno de arena que haría sospechar al director del internado. En su libreta había anotado todo lo que no le gustaba del sitio donde le obligaban a estudiar.

Tenía que ser un hombre de provecho. Y él no entendía por qué sus hermanas no estaban obligadas a pasar largas estancias en aquel colegio. Ellas podían quedarse en el hogar.

No había lugar más cómodo que aquella casa de madera. Esperaba que nadie la incendiase. La situación era insostenible. Había odios que podían cortarse. Lejos de su hogar, no podría defender a los suyos y aquí poco tenía que hacer. Extrañaba a sus padres y a sus dos hermanas. ¿Qué sería de ellos si las cosas se complicaban?

El director le hizo pasar a su despacho. ¿Qué habría encontrado esta vez? ¿Habría hallado la llave de la despensa entre sus pertenencias? La había hurtado hacía dos meses y entraba sigilosamente a buscar provisiones cuando el hambre le apretaba más de la cuenta. La guardaba en lugar seguro. No era posible que el director hubiese dado con ella. Seguro que esa mirada recriminatoria se debía a otra fechoría. ¿Había visto la piedra con la que rompió el cristal del laboratorio? Para experimentos estaba con todo ese panorama.

El director le hizo sentarse y escribir. Sabía que aquello era una trampa. Compararía su manuscrito con aquellas amenazas que había recibido. Gabriel se equivocaba. El director abrió la libreta que había perdido días atrás.

—¿Por qué no estás contento de estar con nosotros?

Aquella pregunta sonó como un disparo. Por su mente pasaron infinidad de ideas al ser descubierto. El director conocía sus pensamientos íntimos.

Gabriel titubeó más granate que la agenda. Le costaba admitir que era la añoranza lo que le corroía. Y sintió vergüenza de que otros supieran su debilidad. ¿Podría regresar algún día cercano a su hogar? Antes de que todo se truncara, antes de que la guerra estallara, antes de que su familia fuese asesinada. Respondió raudo como una bala:

—¿Qué me diría si le digo que puedo ver el futuro? ¿Usted me creería?

® Helena Sauras

Photo by Sam Lion on Pexels.com

Ella no tiene habilidad ninguna para recogerse el pelo ni tiene tiempo para preocuparse por su cabello. Prefiere dejárselo al aire y que sea el viento el encargado de movérselo a izquierda o derecha. Ya hace tiempo que el viento es su peluquero más fiel. De vez en cuando, éste se detiene y deja ver su cabellera tal cual: lisa, densa, perfecta.

El duro trabajo le curva la espalda. Cuando llega agotada, la beso y, por un momento, soy el viento que se cuela por su parte más íntima. Ella engulle la cena que le tengo preparada con apetito. Espero abandonar la lista del paro y repartirnos las tareas domésticas.

® Helena Sauras

Photo by Gabby K on Pexels.com

Tus besos sabían a deshielo y deshacían mis fríos labios amoratados. Hacía frío en aquel mes de marzo inusual. La primavera apenas despuntaba y había nevado. Dichosa nieve que cubría los tejados de aquel pueblo de interior. Tú estabas acostumbrado al frío. Yo provenía de un paisaje cálido y sorprendida había estado mirando los primeros copos de nieve a través de la ventana. Era mi primera vez.

Estaba tiritando y me abrazaste.  Encendiste la chimenea y dejaste que el calor empezara a inundar la habitación. Poco a poco me fui relajando a través de tu mirada tierna. Habíamos brindado por la amistad. Las copas reposaban en la mesa del apartamento en un rincón. Habíamos bebido poco. Solo una escasa copa para entonarnos. No creíamos en el amor, tan solo en esa amistad que nos unía, fuertes, contra las adversidades de la vida. La complicidad llegaba tarde, pero más valía esa tardanza, que no experimentarla nunca. 

Un florero perdido decoraba un punto de la habitación. Una iluminación tenue nos besaba nuestros cuerpos que habían empezado a desnudarse. Admiré tu piel amiga y la recorrí tímidamente porque era inexperta en el campo. Presentía que nos quedaríamos aislados por la nieve en el fin de semana. Habías decido darnos ese capricho de alquilar un apartamento rural. Vi por primera vez el deseo en tus ojos y me agradó sentirme deseada. Besaste mis senos y te detuviste en los pezones.  Mi oscura piel contrastaba con la tuya, o eso me pareció percibir en el espejo que reflejaba nuestro abrazo intenso.

Sabía que te desharías en un montón de excusas al día siguiente. Te pesaría lo ocurrido al oír su voz aguda teñida de melosidad a través del móvil, que habría recobrado la cobertura. Mentirías a tu mujer y maldecirías el día que habías ido a arreglar aquellos asuntos de trabajo en aquel pueblo perdido de la provincia turolense. Eso le dirías. Era un asunto de trabajo importante. Tu mujer lloriquearía y te diría:

—¡Qué pena!  Justo ahora que la asistenta se ha pedido el fin de semana libre. 

Yo sonreiría para mis adentros. Sí. Me había pedido tiempo para mí, para disfrutar, para sentir. Estaba contigo. Tu voz amable me había acompañado desde que me hiciste el contrato de trabajo. Te guiñé un ojo y pasaste a la acción. Me penetraste suavemente en el cálido apartamento, donde la madera de nogal predominaba rodeando nuestros cuerpos.

Al día siguiente, había el rastro de unas sábanas manchadas de sangre debido a un himen rasgado y una mano abierta y tendida, unida a la mía. Me asomé a la ventana. Un paisaje blanco y pintoresco me inundó. Aquel día me prepararías el desayuno. Volcaste el café torpemente. Sonreí. No estabas acostumbrado a servir. No grité ni renegué. El respeto se alcanza de mutuo acuerdo.

El sol salió y supe que ya te había retenido lo suficiente. Volveríamos a la normalidad en pocas horas. Sería nuestro secreto primaveral. Hicimos un pacto de silencio que olía a leche cremosa mezclada con el amargo gusto del café. Aquello no volvería a ocurrir, pero lo recordaría por siempre y sentiría cómo mis labios se derretirían en mi memoria.

® Helena Sauras

"Kiss" Imagen Creative Commons de hans van den berg en FlickR
“Kiss” Imagen Creative Commons de hans van den berg en FlickR

Acróstico: Día Internacional de la Mujer

8 marzo, 2021

Acróstico Día Internacional de la mujer – 8 marzo de 2021

Nosotras decidimos. Estamos llenas de talento, por eso nos entregamos en el trabajo. Juntas agradecemos esa libertad que nos permite crecer las alas para escoger un lugar donde vivir y qué hacer con nuestra vida. No nos juzgues, la libertad no trata de eso. Podemos equivocarnos, porque somos humanas, pero también acertar. Déjanos vivir en paz.

Nosotras, mujeres de carne y hueso, tenemos el poder de sembrar semillas para que germinen en un mundo más igualitario. Cada día un gesto, un detalle, una lucha por la igualdad. No estamos solas, unamos nuestras voces, asumamos que una sociedad diferente con la suma de todos es posible. #DíaInternacionaldelaMujer #8M2021 #8M #NiUnaMenos

® Helena Sauras

Nos gusta que Sofía nos arrastre para deslizarnos al estante de abajo y colarnos entre las letras de los cuentos. A través de ella, aprendimos lo que era el saber y la fuente de nuestra imaginación fluyó durante décadas. Somos ricos en sueños que alcanzamos con cada género literario. Vemos el lomo del libro, y según nuestro interés, entramos en él. Nos fascinan las metamorfosis y nos convertimos en príncipes o en mendigos en cuestión de segundos. Cuando alguien compra, cambiamos de casa para multiplicarnos en los días siguientes.

El problema vino cuando Sofía aprendió a limpiar de verdad y acabamos en el trapo. Nos intentamos escapar para volver a alguna estantería de aquella librería tradicional.  Hace días que no viene nadie aquí. Hemos oído que no van a traer ninguna novedad más, aunque tenemos literatura para rato.

El dueño ha echado el cierre definitivamente. La curva de su sonrisa, tan plácida a los clientes, se acabó congelando debido a la crisis en el sector. Intentamos abrazarle para darle coraje, pero estornudó. Deberíamos saber que Sancho siempre ha sido alérgico a los ácaros ya que somos las diminutas partículas de polvo que conforman su negocio.

® Helena Sauras

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