Carla, poema en imagen

Con tu figura de fiesta,
acompañabas el eclipse de las luces,
bailabas el eco de la luna lista
combinando cócteles de comprimidos.

Horas antes, capricho de un canto,
hojas caducas bañaban el asfalto,
cuatro círculos quemaban curvas,
en un reducido espacio.

Y el tiempo… y el azar… Malditos, juguetones,
con un simple polvillo de breves segundos
confunden el tránsito en el instante efímero.
Carla, choque seco, cabeza contra los cristales.

Bocinas, caminos de sangre bajan,
a tu lado tu compañero,
permanece ciego como la niebla,
y la culpa poco a poco abraza.

Circula el oxígeno que reviva el alma
aunque, a pesar de todo, siete cielos se apagan.
En tu cintura cálida,
cipreses y cementerios en calma.

Flores como la escarcha tiemblan,
cubren en la triste penumbra
tu cadáver tibio, Carla,
luz inocente reventada.

Helados nuestros corazones,
bajo un pino se apiñan
compañeros, de una joven vida,
sin ti, fugaz y esquinzada.

A la tercera, comento a Lorca

El autor del tercer poema que he publicado en mi página de Facebook es de Federico García Lorca. Lo habías adivinado… ¿verdad? Si lo sabéis, no os dé corte escribirlo. Si os equivocáis, no pasa nada… Podemos volver a jugar a las adivinanzas…

Gacela del niño muerto forma parte de Diván de Tamarit, un poemario inspirado en la poesía arabigo andaluza que Federico García Lorca empezó a escribir antes de 1931 y acabó antes del verano de 1935. La obra se publicó en 1936, poco antes de su muerte.

El TEMA del poema es la muerte física y metafórica referida a la pérdida de la infancia de un niño cuando llega a la edad adulta.

El poema se inicia com la anáfora “Todas las tardes” que se repite tres veces en los tres primeros versos para mostrar el infinito. El “niño” es una metáfora del presente de cada día y de la potencialidad del futuro. El agua es una metáfora de la vida y queda personificada con el verbo “se sienta a conversar”, que nos indica que esta estrofa está estancada com a símbolo de la muerte. La muerte del infante se inscribe como un acontecimiento monótono y repetitivo, en este momento privilegiado que los granadinos se reúnen para hablar.

La segunda estrofa contiene elementos alados como símbolo de la purificación. Las “alas de musgo” que llevan a los muertos nos indican el paso del tiempo y al contener elementos terrestres desvaforecen la elevación. Los vientos que se mueven sobre las torres de la ciudad se describen como dos faisanes marcados con los adjetivos “nublado” y “limpio”. Podemos apreciar una antítesis entre estos dos adjetivos. El “viento nublado” podría hacer referencia al Viento del Sur o pasión sexual y el “Viento Limpio” podría hacer referencia al Aire del Norte o mensajero de la muerte. Estos dos vientos nos anuncian que algún cambio se producirá. Este cambio es que el niño se ha convertido en “muchacho” en esta estrofa ya ha pasado el tiempo y está herido al comenzar el día. En este nuevo niño que muere coexiste la amistad y el día mediante la metáfora atributiva se convierte en un “muchacho herido”.

La tercera estrofa se inicia con la anáfora “no quedaba en…”. Lorca se sirve de los símbolos de la “alondra” y de la “nube” para indicarnos que en esta estrofa ya no queda ni rastro de ningún elemento alado. Las “grutas del vino” las podemos ver como un símbolo de la existencia del placer, donde se encuentra el niño amado. Pero en el momento de la fusión, el aire y la tierra se han quedado solos; sin el vuelo de la alondra y su canto alegre. El destino de la triple identidad niño-amado-día será la de realizar un movimiento de descenso y no de elevación. El río es aquí un símbolo de fertilidad, muerte y renovación. El niño se ahoga, siguiendo el mismo camino que el día: es una muerte crepuscular.

En la última estrofa podemos ver como empieza este descenso. El agua de gran caudal como lo demuestra el adjetivo “gigante” cae desde gran altura, destrozándolo todo. El agua granadina de Lorca la tenemos que considerar agresiva y letal en este poema. Se lleva a los perros que serían un símbolo de guardianes del niño y los lirios que son un símbolo de dolor, muerte y sufrimiento pero también de dulzura. En el último verso tan solo queda el cuerpo del niño ya muerto convertido en un arcángel que lo podemos considerar como un intermediario entre lo divino y lo humano. El adjetivo “frío” se usa para intensificar la idea de la muerte. La “sombra violeta” indica que el día se está acabando. El cuerpo de este niño permanece en el lugar por excelencia del encuentro amoroso en la obra lorquiana: la orilla.

Por lo que hace referencia a la MÉTRICA, este poema es una gacela que es un género literario lírico propio de las literarturas árabes, persas y turcas. En este poema Lorca abandona la métrica tradicional y usa el verso libre preferentemente.

En CONCLUSIÓN, este poema está lleno de imágenes que evocan la muerte de una manera explícita. Podemos observar como en la Gacela del niño muerto existen tres perspectivas relacionadas con la muerte en el agua: la muerte de la infancia, víctima del paso del tiempo; la caída del día y el ahogo amoroso. Este tema se convirtió en recurrente en muchos poemas de Lorca como “Niña ahogada en un pozo” o la “Casida del herido por el agua”.

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La boina gris de una mujer y un recuerdo

¡Buenas noches!

Quienes hace tiempo que me seguís por la blogoesfera ya sabéis de mi afición precoz a la literatura.

Cree este blog en el año 2008, pero llevo escribiendo desde los 8 años: inventándome mis historias y mis fantasías.

Hoy tengo algo que contaros. Este mes de julio acabé la carrera de Multimedia, estudios que empecé cuando todavía no estaban homologados, y ahora, después de Bolonia por fin homologaron, me reciclé, porque quedaban unas asiganturillas para obtener el título oficial. De hecho, en los últimos años ha habido una revolución en cuanto a Internet se refiere. Cuando empecé la carrera, en el año 2001 no existían los smartphones, ni las redes sociales, y mucho menos el Internet de las cosas. Si miras atrás, da un poco de vértigo esta sociedad tan cambiante que mira hacia la robótica y los drones.

Me pregunto qué quedará de la literatura, hacia dónde vamos, si cada vez los que nos gobiernan les interesa menos que pensemos por nosotros mismos. (Lo demuestran continuamente, quitando del plan de estudios asignaturas como la filosofía (amigo del saber), el latín (tomar conciencia de lo clásico), por no decir de lecturas “obligatorias” que van restando in crescendo.

Ahora que dispongo un poco más de tiempo, seguiré con algunos proyectos que tengo en mente. De momento, intentaré jugar a las adivinanzas con vosotros. Podéis participar todos los que me seguís a través de Facebook o Twitter, Google+, etc. Cada día (si puedo y la salud me permite), pondré una simple estrofa de un poema (anunciando de cuántas estrofas lo componen). Una estrofa diaria y tenéis que adivinar quién es el autor. Para jugar y no hacer trampas, dejaremos de preguntar por una vez al Doctor Google para saber la solución. Dejad que vuestra imaginación vuele, poneros en la piel del escritor y pensad quién puede ser quien escribiera esas líneas y de qué época hacen referencia pues tocaré diferentes estilos y épocas de la historia.

Eso es lo que aprendí con el poema que os he copiado esta semana en la página de Facebook. La solución és la siguiente: Es de NERUDA. Corría 1997 y yo cursaba 3º BUP. Mi profe de lite española, la “Barbie”, como era conocida, nos lo puso en la clase. Me gustó la sonoridad e intenté comentarlo. Esa profesora es la que me enseñó a hacer los primers comentarios de texto. Se tenía que notar que habíamos elegido letras puras. Se respiraba nivel en la clase, y entre todos, intentábamos descifrar las metáforas, y las imágenes ocultas de un poema.

¡Ay boina gris, metáfora de mujer. ¡Ay la muerte de un recuerdo! !Ay antítesis de muerte vs vida!

Hay enfermedad en mi rostro, porque veo el final del otoño oscuro caer. No obstante, el presente se presenta incierto (de humo). Desde la distancia y a través del recuerdo de la trempana literatura, renacerás girando en mi alma.

¡Buenas noches a tod@s! Apuntaros a los comentarios de texto. La poesía se lleva en el alma, en la piel más honda, en el corazón.

¡Un beso! Me encuentro en paz después de soltar lo que llevaba años pensando.

paraescribir

Firme espera

Te esperaré aquí,
firme deseo,
donde mueran las olas,
quizás en esta orilla,
o en esta otra, solitaria,
en aquel ronco rumor de sal
que me alerta en los ojos
una triste lágrima desquiciada.

Te espero entre este y oeste,
entre líneas impenetrables del sur,
en algún lugar concreto, resisto,
comprendiendo tu voz celeste,
que me susurra y me funde,
desde lejos, el perdido norte.

Y me sorprende la marea,
fría agua alta sacudiéndome las penas,
donde mueren las olas, te esperé.

Hoy, reposa en esta piedra inerte
como una sombra calada al vacío,
mi musgosa alma sin ningún latido,
aunque nunca vengas,
siempre te espera.

Firme espera

Imagen Creative Commons de Arturo Yelmo en FlickR