Nuestro fruto, un bastardo

Verano, interpretando nuestro amor

POEMA 10: “Entre la luz, el ocaso, y el contraste”

Sin moraleja, nuestra relación.
Sube una ceja sinceramente,
que me envuelva tu facción,
tu gesto, sorprendido al verme.
Una fabulosa fábula te relataría,
pero es tan oscura la realidad…

Siento pavor al pensarlo,
nuestro fruto, un bastardo;
rechazado por esta sociedad,
aún sin madurez de edad.

Voy a arreglarlo, a volar
por cielos extraños, extranjeros.
Pero la sangre me sorprende
en el aeropuerto. Me desmayo.

Aborto espontáneo, una palabra
tuya hubiese bastado
para que naciera la tranquilidad.
en mi rostro. Una lágrima muere
en la comisura de mis ojos, reprimida.

Tú no estás. No existe divorcio
en la punta de tus labios,
interpretando un papel estás,
Atado a ella de por vida,
vuestra unión es inquebrantable.
Lloro al tomar conciencia.
¡Es tan áspera la espera!
Me enseña el día, su alba más amarga.

Firme espera

Te esperaré aquí,
firme deseo,
donde mueran las olas,
quizás en esta orilla,
o en esta otra, solitaria,
en aquel ronco rumor de sal
que me alerta en los ojos
una triste lágrima desquiciada.

Te espero entre este y oeste,
entre líneas impenetrables del sur,
en algún lugar concreto, resisto,
comprendiendo tu voz celeste,
que me susurra y me funde,
desde lejos, el perdido norte.

Y me sorprende la marea,
fría agua alta sacudiéndome las penas,
donde mueren las olas, te esperé.

Hoy, reposa en esta piedra inerte
como una sombra calada al vacío,
mi musgosa alma sin ningún latido,
aunque nunca vengas,
siempre te espera.

Firme espera

Imagen Creative Commons de Arturo Yelmo en FlickR