MARTA, POEMA EN IMAGEN

Ola de acuarela el alma,
de fría niebla decorada,
helada marea afligida,
de agitada pugna encogida.

Calmada y cerrada, tu mar
Mediterránea, no engullía tristeza,
ni la sombra de los cristales salados,
rugidos internos de tormenta.

Curvas te condujeron al exilio,
a tierras áridas, doradas y tan llanas
si no fuera por la cima del campanario
con su cigüeña de vuelo pausado.

Poniente allá, por fin, la mar perdida
donde afloran ramos abismales de olas,
último paraíso del Cabo de Fisterra,
golpeando, espumosas, acantilados.

La marea viva engulle un sorbo de sal;
tu mar profundo, Marta, de lágrimas
al viento como valles de perlas,
fundiéndose al lamento de las gaviotas.

Y es el horizonte, fuego encendido,
quién despierta el hogar de centellas
rojas, volcán del alma encendida,
consumida, peregrina, al bramido del océano.

Son vieras de estrellas inmigrantes
las oscuras rocas
de tus sentimientos aliviados;
fina arena entre las piernas.

Firme espera

Te esperaré aquí,
firme deseo,
donde mueran las olas,
quizás en esta orilla,
o en esta otra, solitaria,
en aquel ronco rumor de sal
que me alerta en los ojos
una triste lágrima desquiciada.

Te espero entre este y oeste,
entre líneas impenetrables del sur,
en algún lugar concreto, resisto,
comprendiendo tu voz celeste,
que me susurra y me funde,
desde lejos, el perdido norte.

Y me sorprende la marea,
fría agua alta sacudiéndome las penas,
donde mueren las olas, te esperé.

Hoy, reposa en esta piedra inerte
como una sombra calada al vacío,
mi musgosa alma sin ningún latido,
aunque nunca vengas,
siempre te espera.

Firme espera

Imagen Creative Commons de Arturo Yelmo en FlickR

Espejismos del ayer

Viejo cristal húmedo,
sólo reflejas espejismos:
mi vida es la mañana
mi corazón sonríe con boca de fresa,
loca pasión que no se apaga,
alegre brillo en mis pupilas,
en mis manos su corazón que late por mí,
en mi boca, su boca que sigue besándome a mí…

Viejo cristal húmedo
sólo son espejismos del ayer.
Qué se fueron…
¿A dónde? No lo sé.
Mi solitario corazón late despacio,
sin sonrisas ¿para qué?
Derrama lágrimas de sangre,
Ya no quema, se apagó en el ayer.
Y me derrumbo en las sombras de la noche.

Viejo cristal,
No me engañes
con tu alma de espejo.

 

Espejismo en el Delta del Ebro

Espejismo en el Delta del Ebro