Mi mundo literario

Las creaciones literarias bilingües de Helena Sauras

T’enlaires enmig d’una pluja de colors:
la moda se’t presta al ball de les càmares
Nova York, Milà, París, Gaudí, Cibel·les,
passarel·les de fines corbes
on la lluna, llimona d’èxit, et despulla.

Ets la llavor minúscula d’una tallada de meló,
pelleringa il·luminada pel flaix enlluernada,
espiga de blat al vent de la fama,
plomall brillant com una llança de fulles,
malgrat el mirall t’enganya apagats els llums.

Laia, no ets retall de la síndria indefinida
que busca la saó d’una lluna plena.
Els teus llavis, ventalls vermells,
han caigut al llaç de la balança
venent al detall una part de tu.
Els teus ulls, estels minvants,
confonen la imatge entre llàgrimes.
I els peus, amants del tacó d’agulla,
han creuat una falsa línia d’equilibri.

Consumits els dies d’aliment:
torrades amb mantega de cacauet,
coulants de xocolata blanca,
crêpes de plàtan banyats amb rom,
flams de llet amb sucre cremat;
t’apagues com la lluna nova.

I és l’ela defallida del teu nom,
suc àcid recollit de la maleta,
qui ara t’acluca les despulles.

He publicat a la secció de Prosa del Blog un experiment de novel·la juvenil que vaig començar a escriure quan tenia 14 anys i la vaig acabar als 15. I dic experiment perquè com comprendreu als 14 anys encara no has sentit parlar de tècnica novel·lística ni has estudiat literatura. Em vaig inspirar en el llibre 50 coses senzilles que tu pots fer per a salvar la terra que regalaven a La Caixa i vaig crear un personatge, l’Ariadna,  a qui sí que l’importaven aquestes coses. A l’any 1995 se sentia poc parlar del canvi climàtic i el reciclatge era encara un tema del que es començava a parlar però no es posava en pràctica. Per exemple, a la meva ciutat (Tortosa) encara no hi havia tots els contenidors per a separar les escombraries i en general la gent no hi estava molt conscienciada.  
Vaig ambientar la novel·la a Barcelona per a distanciar-me del meu entorn. Vaig treballar els diàlegs entre personatges encara que hi ha alguns barbarismes i expressions occidentals  que la gent de Barcelona no utilitza, a part de construccions sintàctiques errònies.  Llavors encara no tenia el nivell C de català malgrat tot, l’he volgut publicar així perquè forma part de la meva vida.  Escrivia perquè m’ha agradat sempre escriure i aquesta és l’única explicació que hi trobo a passar-me hores i hores asseguda amb les meves històries sense tenir-ne cap obligació:  primer amb bolígraf, després amb màquina d’escriure tradicional, després em vaig passar a la màquina elèctrica i, per últim, a l’ordinador. No fou fins més tard, l’any 1998, quan em parlaren per primer cop del procés de reescriptura que ha de fer  tot escriptor, però això ja forma part d’un altre tema.

Llegué agotada de trabajar y con ganas de tumbarme en el sofá. Empezaba el corto fin de semana, sábado a las 14:15. Tenía que aprovechar el tiempo para que después no me quedara la agridulce sensación de domingo a última hora de la noche. Sensación que se agota con el sonido del despertador del lunes. Y vuelta a empezar.

Mi marido me tenía preparada una agradable sorpresa. Sus manos cálidas y fuertes agarraban un ser vivo.

—¡Mira que he comprado! —me dijo enseñándome su nueva adquisición.

Era un bogavante oscuro y brillante, que se movía sin parar. Buscaba escaparse de sus dedos, sin llegar a conseguirlo ya que tenía las pinzas atadas con dos anillos de caucho de color verde. Me explicó que era para la paella del domingo, cómo lo teníamos que preparar y los ingredientes que necesitábamos para ello. La mujer de la depuradora, de mediana edad y rechoncha, le había dado las instrucciones necesarias: clava un cuchillo y pártelo por la mitad.

—Me da pena, lo podríamos adoptar. ¿Y si lo ponemos en el acuario?

—No serviría, los peces que tenemos son de agua dulce.

Me desagradaba la idea de ver al bogavante partiendo con sus pinzas a mis peces y devorándolos con ansia.

—Le he pillado cariño —dijo al final con mirada tierna—. Podríamos llamarlo Pincitas.

—Bueno, pero con Zeta. Zeta de zoo, que significa animal, que al fin y al cabo es lo que es.

Mientras se lo decía me vino a la memoria el episodio de Los Simpson en el que Homer adoptaba a aquel crustáceo y se convertía en uno más de la familia. Me imaginé poniéndole un  plato más en la mesa, haciéndole un hueco en el sofá mientras se apoderaba del mando a distancia, arropándole por las noches mientras le leía un cuento. Aparté de mi mente estos pensamientos absurdos mientras lo introducía en una bolsa de plástico que acabó en la nevera; bien fresquito y para mañana.

Al día siguiente después de repasar la receta de Canal Cocina empecé a preparar los ingredientes para la paella: ajos, ñora, pimiento troceado, cebolla, caldo de pescado, arroz… Sacamos a Pinzitas de la nevera para que se fuera ambientando, la pusimos en una fuente de cristal sobre el mármol. Nos miraba sin cesar y le hice unas cuantas fotos.

—Es muy fotográfica —dije mientras jugaba con el zoom de la cámara.

Pinzitas presentía lo que iba a ocurrir por momentos, nos miraba con cara de mala leche y a la defensiva intentaba mover en vano sus pinzas delanteras. Se notaba que estaba nerviosa por su manera de actuar, emitía ruidos con sus patas chocando contra el cristal que parecían señales de triste desolación.

Al final llegó el tan esperado momento: partimos a Pinzitas en dos. Se resistió hasta el último instante perviviendo a pesar de la alta temperatura del aceite, intentando volcar su caparazón y escapar de la paella. No lo consiguió. Su cuerpo sin vida, convertido en rojizo, aromatizó con gran sustancia el arroz bomba que con gran placer degustamos aquella tarde de domingo.

Pinzitas      Pinzitas 2

Nunca he entendido la vida sin Literatura. Ella, como dulce sirena chillido al viento, siempre ha peinado mi alma.

Mis pequeñas creaciones de niña, mis humildes historias, cuentos del ayer y de hoy, poemas del sentimiento más hondo, me han acompañado hasta perderse en las sombras. Después del silencio, de mi bloqueo interior, sólo queda la nada. La nada de una década de historias no creadas.

Un día, sin saber por qué, recuperas los escritos que creías ya olvidados en el fondo de un cajón. Los ordenas y descubres que tu rosa ha perdido varios pétalos. Sólo te queda la vaga memoria de la historia que escribiste durante altas horas en la madrugada. Recuerdas un final impreciso: los pronombres, ¿cómo eran? ¿Qué adverbios utilizaste? ¿Y el sonido de tus letras? Nunca debiste perderlos, piensas indignada.

Pero la musa, tu musa bilingüe, te ha vuelto a hablar con la voz que creías ya olvidada. Y es Ella, la que me empuja al blog de la reconstrucción de un pasado, como cubo de Rubick, despedazado.

Peine de los vientos

1998, centenario de Lorca. Por aquel entonces me tenía que enfrentar al examen de selectividad. Todavía no sé el por qué no estudiamos a Lorca en la asignatura de literatura española. En su lugar, comentamos los poemas de Pedro Salinas. Como era de esperar, en el examen nos salió en la opción A o B a Federico García Lorca. No me atreví a comentarlo, o sea que por narices tuve que comentar la otra opción que ahora no recuerdo si el texto era de Cela, de Delibes, de Juan Ramón Jiménez o de quién. Mis compañeros de clase siempre me preguntaron, ¿cómo te lo haces para interpretar un poema? Siempre he contestado lo mismo: ¿Yo? ¡Me lo invento! Eso sí, justificándolo. Cuando leo un poema nunca estoy segura de si he dado con la clave del autor. Sólo dejo que vuele mi imaginación e intento formarme una imagen aproximada del poema. La métrica y la rima nunca me han importado lo más mínimo. Me he fijado más en su significado, es como descubrir un jeroglífico de palabras escondidas. Puedo estar equivocada en mis interpretaciones o en mis pensamientos, pero disfruto imaginando metasignificados.

Los medios de comunicación en aquel 1998 homenajearon a Lorca con documentales y películas como Muerte en Granada . Un año después vi la adaptación cinematográfica de Yerma en el Canal+. En el Fnac compré sus Obras Selectas pensando en leerlas aquel verano. No fue así. El libro quedó ordenado en la estantería de mi habitación hasta que varios años después, con motivo de mi traslado, volví a reencontrarme con él. No tuve el suficiente valor para interpretarlos. Habían pasado demasiados años para enfrentarme a sus poemas. Falta de práctica, pensé.

Esperé unos meses hasta reunir su serie Lorca, muerte de un poeta y elegí un día para poder verla entera (seis capítulos, más de seis horas).

Después de verla, me sentí capacitada para empezar a leer sus obras. Y aquí me tenéis, con el libro entre mis manos saboreando las primeras palabras de Veleta . ¡Nunca es demasiado tarde!

Un dia et vaig tornar a veure,
pel passeig de l’Ebre,
no has canviat gens,
continues ben bé igual:

Estàtica, atenta, inmòbil,
amb les urpes afilades
i amb el bec ben alt.

La desconfiança em mossega els llavis,
si un dia pugueres tornar,
desplegant les ales voldria volar
al cim de la muntanya
d’un riu que ens vols usurpar.

I des d’aquest silenci,
iniciant els vols i els cants,
els nius abandonar,
resseguint el laberint
d’una vida, ARRIBAR.

Una paloma t’ha esquitxat,
i tu, àguila tambalejant,
bec invertit,
gris enfontsant-se,
has caigut a la dreta del Riu.

Una olor, un color, una gota,
multiplicant,
dibuixen l’arc de Sant Martí.

Som record per oblidar-te,
mar endins;
Força, erosió, vent i esclat;
Metamorfosi dels anys,
convertida en sirena,
una platja, tornar,
amb mans de seda, ACARICIAR.

Helena Sauras

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