Mi mundo literario

Las creaciones literarias bilingües de Helena Sauras

Aquest video poema tracta sobre l’adopció d’una xiqueta per part d’un matrimoni que no pot tenir fills de forma biològica. Desitjo que el gaudiu! Aviat n’hi haurà més de video poemes. Esteu atents a les pròximes publicacions del blog.

 

Posiblemente Sandra haya tenido razón en lo referente a Nacho, pero yo todavía me niego a admitirlo. Mi parte más irracional, se resiste a creerlo. He hecho todo lo que ha estado en mi alcance para defenderlo, pero María tiene una coartada robusta, y bien curtida. Hoy es un día nefasto, y acudo a la terapia con ganas de ver a Luis, porque es la única parte de mi vida, que parece que no está negra, y hundida. No sé por qué hemos ido, porque sólo estamos Rebe, Luis, y yo. Los demás están en la policía. María detenida, Jesús y Toni colaborando en su coartada. Rebe está feliz, y creo que es la única, ya que le dejarán ver a sus hijos ahora que se aproximan las fiestas navideñas. No tengo ganas de hablar de mi recaída de los últimos días, pero sé que lo tengo que hacer.

―El cerebro, que aunque lleves tiempo sin beber, tiene gravado todo lo que hacías cuando bebías, tus costumbres y manías. En un momento de baja guardia, se vuelve a interponer el deseo de beber, entre tu voluntad y tu debilidad ―digo después de estar callada durante un rato.

―Pero ahora, ya no lo volverás a hacer, ¿verdad? ―me pregunta Luis con su mirada pícara.

―No, no lo volveré a hacer. Lo nuestro es crónico, incurable, y la única posibilidad para mantenernos a salvo es no volver a beber. Tengo claro que no lo volveré a hacer ―digo con firmeza.

―Una actitud muy positiva ―dice Ana.

Creo que es la primera vez que me oigo decir algo tan segura. Mis dudas se han esfumado, gracias a la ayuda que me ha brindado Luis. No sé que habrá visto en mí, pero yo sí sé que he visto en él: las luces de su alma tan brillantes, tan cálidas, e intensas que me han alcanzado mi corazón, que ahora late al compás de ilusiones nuevas.

Cuando salimos de la sesión de terapia decidimos acercarnos a la casa de Toni por si ha vuelto. Llamamos a la puerta. Se encienden las luces de la entrada, y nos abre.

―¿Cómo está María? ―pregunta enseguida Luis.

―No la he visto ―dice Toni―. Pero ya te puedes imaginar…

―Ya… ―digo yo.

―Alguien ha hablado más de la cuenta. La policía sabía cosas sobre María que sólo conocíamos nosotros.

―¿Qué cosas? ―quiere saber Luis.

―La historia que tuvo Víctor con Luz, por ejemplo. El odio que le tenía María a su hermana…

―Vaya ―digo yo, que tengo la mirada más gacha que nunca.

―Pero María, no le hizo nada, de esto estoy más que seguro. Vino aterrada porque Víctor no paraba de molestarla. Yo estaba jugando con Jesús a los vídeo juegos, como siempre, y ella nos interrumpió. Se puso a llorar. Las fuerzas, que siempre ha tenido, le fallaron. Al cabo de poco llamaron a la puerta. Era Víctor. Venía todo alborotado, gritando que quería ver a María. Entre Jesús, y yo, se lo impedimos. Y empezó a vociferar: «¡Maríaaaa, no sabes lo que soy capaz de hacer por ti!». Pero María no salió, y entre los dos, le echamos a patadas. Al fin, María se quedo a dormir aquí, conmigo.

―Pobre María ―dice Luis―. ¿pero no habían detenido ya a Nacho como autor del crimen?

Al oír su nombre, se me cae el alma a los pies, pero hay una cosa que no me cuadra en todo ello, una corazonada rápida que surge de mí.

―¡Un momento! ―alzo la voz―. ¿Y si ha sido Víctor?

―¿Víctor? ―dice Luis.

―Podría ser ―Toni acepta mi hipótesis―. Hubierais tenido que verlo. Todo él fuera de sí. Daba miedo… Recuerdo que también le dijo que la libraría…

―¿Cómo?

―«María, —gritó Víctor aquella noche— te libraré de ella» ―vuelve a explicarnos Toni.

―Pues yo sigo pensando que fue Nacho ―repite Luis.

―No lo sé. Pero ya te digo que yo aquella noche a Víctor lo vi capaz de hacer cualquier cosa. ¿Y si fue a buscar a Luz para descargar su frustración sobre ella?

―¿Tú crees? ¿Qué perdía Víctor al no casarse con María? ―pregunta Luis.

―Pues un futuro bastante asegurado ―dice Toni―. Trabajo en la empresa de su futuro suegro, por ejemplo, y un futuro bastante holgado…

―Pues que se lo hubiera pensado antes ―digo―. Pero entonces… ¿para qué coño quería Luz el dinero de Nacho, si su familia ya tenía?

―Esto es lo que tú te piensas… —continua Toni—. Los negocios del padre de María están rozando los números rojos, pero eso Víctor igual no lo sabe… Y Luz, acostumbrada a una buena vida, se tuvo que buscar una alternativa para seguir con su nivel.

―Con Nacho… ―digo.

―¿Pero Nacho tenía dinero? —pregunta Luis.

―Sí, ahora sí. Había heredado los bienes de una tía lejana, que murió sin descendientes. Con eso abrió un negocio propio.

Y luego me dejó, me dejó… Me repito para mí. Trago saliva ¿por qué todavía me duele tan fuertemente esto? Me gustaría encontrar el remedio para que mi nudo se deshiciera de una vez.

Nos quedamos un rato más sentados en el sofá de Toni, hasta que al fin Luis y yo, nos despedimos de él. Luis me acerca al piso de Sandra y nos despedimos en el coche.

―Elisa…. Me da miedo que se solucione todo este embrollo.

―¿Por qué, Luis?

―Si Nacho es inocente, ¿volverás con él?

―No, Luis…

―¿Estás segura?

Asiento con la cabeza porque las palabras no me salen. El nudo sigue haciendo de las suyas. Le beso y subo al piso de Sandra.

Pasan dos días más y me siento diferente, retenida e hinchada. Yo, que siempre he sido puntual como un reloj, y esta vez parece ser que la regla no se me decide a venir… Estoy muy angustiada, porque la simple probabilidad que estuviera embarazada de Nacho, me llena de rocosas, y peliagudas contradicciones. No, no lo estoy, son los nervios de estos últimos días…

―Hazte la prueba de una vez ―me dice Sandra, que ya está más que harta de mis comidas de cabeza.

Bajo a la farmacia más cercana a comprar una prueba de embarazo. ―Mejor con la primera orina del día, si el retraso es de pocos días ―me dice la chica que me atiende.

Esta noche presiento que volveré a tener insomnio. Y así es. Cuando suena el despertador, ya estoy despierta ya que he dormido muy poco, me levanto, voy directa hacia el lavabo y meo en el pote de la de orina. Sumerjo la punta de la muestra durante diez segundos y espero impaciente. El test digital muestra un reloj en su pantalla. Está calculando…

―Venga, vamos, no se te ocurra detectar la hormona ―le digo mientras cruzo los dedos y aprieto fuertemente los párpados.

Continuará…

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Video poema Fina

6 septiembre, 2025


El tema principal del poema és el record emotiu que té el jo poètic per la persona que la va cuidar en la infància, que malauradament ja no viu, però és transformada en memòria col·lectiva.

 

Sé que Luis no puede evitarme aunque quiera, porque el destino se ha encargado de que nos crucemos en la misma acera. Se me queda mirando fijamente, pero sin pronunciar palabra alguna en la calle desierta, porque parece que haya desaparecido todo el mobiliario urbano para acercarnos de nuevo. Nuestros espejos se contemplan largamente. Sólo él y yo, en la inmensidad del asfalto.

―Hola Luis ―rompo el silencio―. Lo siento mucho…

―Ya… pero lo hubieras tenido que pensar antes. ¿No crees?

―Cierto. ¿Quieres ir a tomar un café y lo hablamos?

Mis esperanzas se tiñen de azul juvenil cuando Luis acepta. Volvemos al mismo parque, en la misma terraza con las mesas y sillas de mimbre, que ahora vienen acompañadas por unas estufas de exterior. Nos sentamos y contemplo los árboles desnudos, que me vuelcan a una tristeza desmesurada de sueños rotos. Remuevo mi café, que esta vez lo he pedido solo, con lentitud, porque estoy analizando y sopesando mis palabras.

―Cometí un gran error. —Y lo miro fijamente, porque espero que él me crea en lo que voy a decirle―. Cuando el pasado, que todavía no tienes superado, te llama… Es muy difícil decirle que no.

―¿Qué pasado, Elisa?

Sé que ha llegado el momento de hablarle de Nacho, quiero sincerarme con él y así lo hago. Él me escucha. Sus ojos se ensombrecen. Sé que le estoy haciendo daño a pesar que intento ser suave en mis explicaciones.

―¿Qué he sido yo para ti, Elisa? ¿Un entretenimiento?

―No, Luis. En serio te lo digo. Contigo he vuelto a sentir sensaciones, que creía que se habían muerto definitivamente para mí… Soy una idiota. ¿Podrás llegar a perdonarme algún día?

―Tal vez… Las magdalenas no me saben igual desde que no estás.

―No quiero perderte, Luis.

Mis palabras son directas. Me estoy dando cuenta de que por una vez en mi vida tengo claro que quiero luchar por él, que quiero trazar mi futuro a su lado. Mi mano derecha busca la suya por encima de la mesa y, cuando la encuentra, no la suelta.

―Tienes las manos frías, Elisa ―me dice.

―Más helado tengo el corazón, si tú estás lejos de mí. Quiero que me dejes volver a tu lado…

―Te lo permitiré solo con una condición.

―¿Cuál? ―Quiero saber con mi alma desbocada.

―Que no vuelvas a beber. Si vuelves a beber alcohol, no te volveré a dirigir la palabra.

No me esperaba esta condición, y sé que si me la ha puesto, es porque me quiere. Me levanto de la silla, me acerco a él, y le beso. Una pequeña llama vuelve a rebrotar en mí, su fragancia tan perfectamente masculina me envuelve, y su sabor regresa de nuevo a mis labios. Cuando nos separamos de este beso intenso, le digo:

―Sí, Luis. Voy a ser capaz.

Y nunca lo he tenido tan claro en toda mi vida. En el alcohol, cuando llegas a una situación límite, que te hace tocar fondo, sólo existen dos posibilidades. O sucumbir en sus profundidades, o sacar fuerzas, imponerte, y salir al exterior. Yo he elegido esta segunda opción, en este parque de luminosas oportunidades abiertas.

―¿Quieres venir a mi casa? ―me pregunta.

―Sí, no sabes cuánto ―le respondo.

Su piso está bastante desordenado, muy diferente a la última vez en la que fui.

―Es el caos interior, que llevaba estos últimos días ―se disculpa Luis.

Entre los dos hacemos un poco de espacio, para poder querernos sobre el sofá. Sus manos me recorren, y tiemblo de la emoción, que me producen. Tenemos toda la tarde para nosotros, y vamos a aprovecharla para explorarnos, sin que quede ningún resquicio por besar, lamer, y acariciar.

El lunes llega con un buen recuerdo de lo pasado este domingo. Me visto y me voy a trabajar hacia la academia. Hoy iremos a la otra parte de la ciudad, a pintar la montaña que se ve algo lejana. Recorro las calles de mi antiguo barrio con mis alumnos, que no saben que lo conozco como la palma de mis manos.

Paso por el portal de mi piso anterior, y veo como hay cortinas en las ventanas. «Lo habrán vuelto a alquilar», pienso. Cuando llegamos a la zona en donde tenemos permiso para pintar, plantamos los caballetes y sacamos las pinturas. La vegetación está muerta, aunque latente, el frío y duro final de otoño se deposita en ella y ésta se duerme en sus crudos brazos. Hay algo de nieve en la cima de la montaña, que vamos a aprovechar para colorearla en nuestro cuadro. Estamos un largo rato hasta que casi no sentimos nuestras manos a causa del frío. Ya es suficiente, les digo a mis alumnos y regresamos hacia la academia donde continuaré con algo de clase teórica. Luis me espera a la salida del trabajo según él para que no me pierda. Volvemos hacia su piso y veo como lo ha acabado recogiendo todo, y ahora está pulcro y ordenado.

―Elisa… ―me dice―. He estado pensando si quieres venir aquí a vivir conmigo.

―Luis… De momento iremos poquito a poco, ¿vale?

Sus palabras me han calado, pero no quiero cometer los mismos errores del pasado. Su mirada acepta mis palabras, pero puedo ver algo de decepción en sus ojos.

―No estés triste. Algún día vendré.

―No estás segura de nosotros, ¿verdad?

―No es eso, Luis. Lo único que no quiero precipitarme.

―¿Todavía piensas en el Nacho ese?

El móvil de Luis empieza a sonar y me alivia de no tener que contestarle. Se va a cogerlo. Lo tiene en la otra punta del piso. Cuando vuelve, sus ojos han cambiado:

―Era Toni, han detenido a María. Creen que ha matado a su hermana.

Sé que he tenido algo que ver en ello. Trago saliva y espero que Luis no me lo note.

―Jesús debe estar con ella en la policía, ¿no?

―No —dice Luis—. Toni me ha dicho que no la puede defender.

―¿Cómo? ¿Por qué?

―Porque Jesús forma parte de su coartada. Y Toni también. María estaba con ellos jugando a la PSP el día en que alguien asesinó a Luz…

―¿Y tú? ¿No estabas con ellos?

―No, yo estaba contigo, ¿recuerdas? Haciendo la lista de lo que nos teníamos que llevar en la maleta para los Pirineos.

El recuerdo de ese día me alborota. ¡¡¡Qué imbécil fui!!!

―¿Podremos algún día ir a la casita rural? ―le pregunto apartando de mis pensamientos a Luz, Nacho, y María.

―Claro ―me dice él―. En las próximas vacaciones. Puede…

Le beso intensamente. Ya no me hace falta oír nada más.

Continuará…

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