Imploro un latido

Otoño, narrando autobiografía del más allá

POEMA 14: “Entre la luz, el ocaso, y el contraste”

Imploro un latido en algún lugar,
que me haga sentir el juego jovial,
que vivía en ti. Ya no vivo, mas no muero.
Estoy rodando en un limbo, enrollada en un tronco,
disolviendo la savia, que corre, y crece.
Mantengo tu mano agarrada. Mis venas se dispersan;
incompleta mi vida, inconcebible mi razón que pierdo,
con cada vuelta de tuerca. Más allá de la finita sombra,
había un laurel que coronaba mis cabellos.
No soy tu reina, porque mis ojos de ninfa te enamoraron
demasiado. ¡Uy, qué penetrantes eran! Se respiraban rayos
a través de su sombra, inspirada en su brillante espesor.
Fue imposible nuestro amor, porque ojerosa
ya no dormí, desde que quejumbrosa, te conocí.

Únicamente imploré un latido al aire, a la distancia, al viento
embrollado que tenía que venir disparando flechas aladas.
Y tú, no sé si lo escuchaste desde algún breve montículo, pero
apareciste de repente y me robaste el último beso.