La atracción de un instante

Faltaban manos para servir mesas. Inspiré y salí con una bandeja llena de bebidas.

Nunca olvidaré el momento en el que lo vi. Se me cortó la respiración al comprobar que tenía la cara más bonita que había visto en mi vida.

Me tembló la voz al hablar con él y las palmas de mis manos empezaron a bañarse por el sudor. Sonreí y le dediqué una mirada simpática.

Mi intención era dedicarle algo de tiempo, pero mi corazón galopaba al contacto de sus ojos. Rápido, me dije, será sólo un momento. No quería continuar con la tarea de servir, aunque debería. Estábamos a tope de clientes.

Dejé la bandeja reposando en su mesa. Nunca me habían acompañado con tan solo una mirada. Su voz resonaba y las palpitaciones de mi cuerpo se aceleraron. Un calor placentero me recorría todas las terminaciones nerviosas. Sentí la atracción de un instante.

No sé si era por su cabello, por su gesto seguro o porque aquellos labios me invitaban a bailar.

Me explicó que solía viajar a menudo por la comarca, pero tonta de mí, no lo había visto en mi vida. Seguro que me acordaría de una persona así. Le faltaba algo para llegar a abrazarme por completo. Por unos segundos pensé que no me importaría que me acariciara lento.

Me secuestró los pensamientos y, al final, mi jefe me reclamó dando un golpe en la mesa y me tuve que ir a la cocina.

Acabé fregando cacharros, una pila innumerable de platos y vasos. Al salir, él ya se había ido.

Desde entonces, soñé con volverlo a ver. No hay día que no me levante con esa esperanza.

***

Nunca olvidaré el momento en el que la vi aparecer. Iba cargada con una bandeja acercando bebidas a todos los presentes.

Me acercó un vaso y, mientras me abría la botella de Coca Cola con un abridor y me la servía, me sonrió. Su sonrisa era tierna como una margarita en el mes de abril.

Cruzamos unas pocas frases. No quería impresionarla explicándole que, el brazo que me faltaba era por culpa de un tiburón hambriento. Siempre alardeaba de ello cuando alguien me preguntaba. Había sobrevivido sin duda, pero me veía obligado a sacar pecho y a mentir.

Pero no me pareció bien hacerlo con ella. Con su juego de pestañas, me pareció una chica la mar de especial. Me fijé en su escote inexistente por el uniforme recatado. Se adivinaban unas curvas bien proporcionadas. Si la oportunidad me lo permitía, quería retardar en descubrirlas. Necesitaba primero conocerla. Mis pensamientos, sumados a la perdida de la noción del tiempo al contacto de sus ojos, se vieron interrumpidos.

Un golpe seco, su cara de disgusto y yo me quedé pasmado y sin reaccionar. Mis pupilas bailaban por todo su cuerpo al marcharse de allí.

Me quedé esperándola largos minutos hasta que el móvil que llevaba en la chaqueta empezó a sonar y sonar. Tuve que apartarme y salí corriendo del local.

Me informaron que la operación se había anulado y tuve que regresar a mi hogar. No podía levantar sospechas. Solo buscaba indicios del pasado para reparar el futuro. A veces era peligroso conseguir información. Por ello, había perdido mi brazo en un accidente laboral hacía algo más de unos meses.

Desconocía su nombre y tampoco sabía a qué año exacto había viajado. Nunca me acostumbré a ser un verdadero viajero del tiempo. Con mi misión abortada, vagué por el mismo restaurante en diferentes momentos de la historia.

Un día de 1960 vi a su jefe y le pregunté por ella. Recordaba vagamente la figura de su sonrisa cosa que me esperanzó. Luego me contó cómo sus labios de fuego recorrían su piel todas las noches hasta que se hartó de ella y la despidió. Sonrió de manera lasciva y le pegué un fuerte puñetazo en toda su cara con el brazo que me quedaba. No soporto a los acosadores.

El beso, que nunca le di a esa chica, se alargaba en mi mente de manera enfermiza. Me había obsesionado por un momento que acabé idealizando.

Son instantes inolvidables que perviven en mi mente. No quiero perder la esperanza de volver a encontrarme con ella en algún lugar del tiempo.

MI PARTICIPACIÓN EN TALLER DE LITERAUTAS ABRIL 2019