Mi mundo literario

Las creaciones literarias bilingües de Helena Sauras

Reanudé la conferencia después de contestar a su pregunta.

Volví a mirarla. Ella me escuchaba con atención. Sin duda, era la mejor oyente que había en la sala.

Al terminar y recoger mis enseres, me dijo que le dedicara un libro. Así lo hice. Escribí una dedicatoria de manera torpe y, cuando le tendí la publicación reciente de mis estudios, nuestras manos se rozaron y sentí un escalofrío placentero.

Aquella noche se lo conté a mi compañero de apartamento. Luis me miró con cara sonriente y me animó a que la invitara a tomar algo si volvíamos a coincidir.

Tardé en volver a verla. Los días se sucedían rápidos ya que estaba ocupado con mis quehaceres. Pero un día apareció otra vez en otra conferencia que preparé. La miré con alegría porque sentí que aquella mujer formaba parte de mí, aunque apenas la conocía.

Me dijo que le dedicara otro libro, que quería que formara parte de su biblioteca. «El anterior lo dejé y aún no me lo han devuelto», me confesó. Me sentí halagado de tanto interés. Quizá era la única persona que lo había demostrado con tanto ahínco.

Entonces, recordé el consejo de Luis y la invité a tomar algo. Para mi sorpresa, rechazó la invitación con una sonrisa que me desarmaba. Me dijo que tenía prisa, que la estaban esperando, que quizá otro día…

Me aferré a esa esperanza, la de verla y coincidir con ella otro día mientras miraba el número de teléfono que había garabateado antes de irse en una hoja de mi libreta.

Tardé más de quince días en llamarla. No quería que supiera que, desde que la había visto por primera vez, la pensaba frecuentemente. Y por las noches hasta aparecía en mis sueños y me agarraba de tal manera que no conseguía despertar con tranquilidad.

Su voz aterciopelada me acariciaba a través de la línea telefónica mientras me dio una respuesta afirmativa a mi proposición.

Me preparé con cautela para acudir a ella, aunque me sentía nervioso. De repente, las dudas de si lo estaba haciendo bien, me abordaron. No quería que fuera una de tantas, sino que deseaba que ocurriera algo maravilloso entre los dos. Pero mis pensamientos, ¿serían correspondidos?

Al verla de nuevo, me sentí conectado a ella por una extraña fuerza. Nuestras miradas comunicaban mucho más que nuestras palabras ya que nos lo dijimos todo a través de los ojos. Los suyos estaban enrojecidos y me confesó que había llorado antes de acudir a la cita. La interrogué por si quería contarme el motivo de sus lágrimas.

—Ayer rompí con mi exnovio para venir aquí. No quería acudir con esa relación que me encadenaba y que ya sabía desde hacía tiempo que no iba a ningún lugar. Quería mostrarme libre ante ti y tener la oportunidad de comenzar algo nuevo.

Entonces, la miré con el don de quien observa algo hermoso por primera vez. Por fin, el destino sonreía a mi favor. Le cogí una de sus manos y se la acaricié. Ella entrelazó sus dedos con los míos mientras me decía:

—Hace años que te sigo. He leído prácticamente todo lo que tienes publicado. Quería adentrarme entre tus letras y vivirlas de primera mano.

No sé por qué, pero la interrumpí con mis labios. Fue más que un beso compartido. La besé con pasión, esa que pensaba que sólo estaba entre las letras perdidas de mi escritorio.

Cuando me di cuenta de la hora que era, me asusté. El tiempo de nuestra cita había pasado de manera veloz. Ambos teníamos obligaciones que atender. Nos despedimos con otro beso. Ese fue más fugaz y con la promesa de volvernos a ver en breve.

® Helena Sauras

Photo by Vera Arsic on Pexels.com

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