Carla, poema en imagen

Con tu figura de fiesta,
acompañabas el eclipse de las luces,
bailabas el eco de la luna lista
combinando cócteles de comprimidos.

Horas antes, capricho de un canto,
hojas caducas bañaban el asfalto,
cuatro círculos quemaban curvas,
en un reducido espacio.

Y el tiempo… y el azar… Malditos, juguetones,
con un simple polvillo de breves segundos
confunden el tránsito en el instante efímero.
Carla, choque seco, cabeza contra los cristales.

Bocinas, caminos de sangre bajan,
a tu lado tu compañero,
permanece ciego como la niebla,
y la culpa poco a poco abraza.

Circula el oxígeno que reviva el alma
aunque, a pesar de todo, siete cielos se apagan.
En tu cintura cálida,
cipreses y cementerios en calma.

Flores como la escarcha tiemblan,
cubren en la triste penumbra
tu cadáver tibio, Carla,
luz inocente reventada.

Helados nuestros corazones,
bajo un pino se apiñan
compañeros, de una joven vida,
sin ti, fugaz y esquinzada.