Suspicaz, suplica tu mujer

Verano, interpretando nuestro amor

POEMA 12: “Entre la luz, el ocaso, y el contraste”

Suspicaz, suplica tu mujer
que te quedes esa noche.
Sumida, me abandono al bullicio
que brota de mi interior.
No hallo razón para quererte más.
A pesar de la dificultad, eres mi héroe,
extraño una epopeya que me dicte
mi lugar natural en este mundo.


Incómoda tu mirada,
cuando regresas al claro bosque,
con tu nueva motocicleta.
La mancha de carmín, efecto desmesurado.
Fogosa tu voz, me confiesa que ella ya lo sabe,
Nublados tus ojos, no nutren mis labios.
Tu matrimonio estancado, dices,
pesa más que una reja de hierro forjado
en nuestra amorosa e impropia relación.


¡Qué ola de libertad nos bañaría los pies
en los maravillosos años que nos quedan!
Mi juventud está huyendo un poco más a cada instante,
siento que pierdo mi tersura, repetida hermosura,
emigrando de mi gruesa trenza que antes envolvía.
Me mareo al ver cómo te marchas, y
mendigo acompañarte ni que sea una sola vez.
Afirmas pesadamente y suspirando a mares.

Quise gritar

Verano, interpretando nuestro amor

POEMA 8: “Entre la luz, el ocaso, y el contraste”

Quise gritar a los mil vientos
que te había conocido,
aspavientos murieron al contenerse.
El silencio se aplacó en el teatro de mis labios.

Despacio, nuestra relación constante,
como una hormiguita al trabajar,
pero cuántas cigarras cantaban en julio
entre el público, aplausos para verte actuar.

Tú tenías mujer, familia entera;
yo solo tenía un sueño: dirigir tu profesión.
Pero era un simple decorado de la función,
una extra con mucho interés en escalar.

Puse en acción mi llamarada más envolvente,
y te eclipsé con mis ojos de ninfa.
Desde aquel instante, me llamaste cada día,
oír tu voz, agitarse el pulso.

Tú también te enamoraste, como un adolescente,
en pleno calor veraniego, con el sudor brotando como perlas.
Las estrellas brillaban más densas en sus cortas noches,
inoportuna tu caricia, pesaba más que el plomo.

Me empapaba la vida ya presa de ti,
espesor que nos cubría por guardar apariencias,
esconderse en el claro bosque,
decidiendo el guion de nuestra fingida película.

El escenario de tus labios,
vive en cada fotograma de mi recuerdo.
La rama del destino
me cala más que el frío viento.