Acerca de Helena Sauras

Amante de la literatura, leer y escribir. Sueño con ser escritora y voy practicando cada día.

Carla, poema en imagen

Con tu figura de fiesta,
acompañabas el eclipse de las luces,
bailabas el eco de la luna lista
combinando cócteles de comprimidos.

Horas antes, capricho de un canto,
hojas caducas bañaban el asfalto,
cuatro círculos quemaban curvas,
en un reducido espacio.

Y el tiempo… y el azar… Malditos, juguetones,
con un simple polvillo de breves segundos
confunden el tránsito en el instante efímero.
Carla, choque seco, cabeza contra los cristales.

Bocinas, caminos de sangre bajan,
a tu lado tu compañero,
permanece ciego como la niebla,
y la culpa poco a poco abraza.

Circula el oxígeno que reviva el alma
aunque, a pesar de todo, siete cielos se apagan.
En tu cintura cálida,
cipreses y cementerios en calma.

Flores como la escarcha tiemblan,
cubren en la triste penumbra
tu cadáver tibio, Carla,
luz inocente reventada.

Helados nuestros corazones,
bajo un pino se apiñan
compañeros, de una joven vida,
sin ti, fugaz y esquinzada.

CUIDADO CON EL MIEDO

Dos unicornios y un dragón valiente habitaban en el mundo de Manolo. El niño era feliz cuando se abstraía y, mientras jugaba, no los oía. Sus hermanos, algo mayores y alejados de este mundo fantástico que no comprendían, preferían jugar a las cartas. Una triste baraja iluminaba sus ratos libres, porque no podían estudiar con tanta pelea.

Cuando Manolo miraba esa bola de fuego del firmamento y se concentraba, su sombra quedaba detrás de él. Entonces veía el jardín tal como era y volvía a la realidad. Desubicado y huérfano de su mundo, intentaba incorporarse en el juego de cartas con sus hermanos.

—¿Vamos a bastos?

—Sí.

—Esta vez seguro que os gano.

Ya estaba harto de perder siempre y empezaban otra partida.

—¿Creéis que algún día dejarán de hacerlo? —preguntaba Manolo después de oír un portazo.

Sus hermanos ponían cara de no saberlo y eso era lo que más angustiaba al niño. Otra vez un ataque de nervios entre sus progenitores en que no se sabía cuándo acabaría. Cada vez, la frecuencia de las discusiones era más corta, hasta que se convirtió en diaria.

—¿Por qué no se separan ya? —decía su hermana a media voz.

***

Su profesora citó a sus padres antes de acabar el trimestre, pero sólo acudió la madre. Manolo había suspendido la mayoría de las asignaturas.

La profesora le tendió el dibujo de la familia que había dibujado el niño, después de insinuarle que era el que más le tenía preocupada.

—Como madre, estás ausente en todos los dibujos que ha hecho. El padre es una iguana. Él se ha dibujado como un dragón y sus hermanos son un par de unicornios que, según él, lo protegen. ¿Hay algún problema en vuestra familia?

La madre protestó con voz ronca y a la defensiva:

—Como en todas, mire usted. Mi niño es muy imaginativo.

—Ni que lo diga. Puede que le falte alguna responsabilidad. Se pasa las clases mirando por la ventana y en babia.

—¿Qué sugiere?

—Algo palpable. Podríais regalarle una mascota para que le coja cariño y huya de su mundo imaginario.

—Veré lo que puedo hacer.

***

La madre aquella misma tarde fue a comprar un cachorro y se lo regaló. Manolo, al sentir el hocico entre sus sandalias, le dijo entusiasmado:

—Mamá, cuando crezca Teo y le salgan bien los dientes, te va a proteger de papá. Y yo se lo voy a enseñar.

La madre se precipitó para taparle la boca a su hijo. Las paredes oían en aquella casa y ella estaba aterrorizada. Llevaba años paralizada y sin saber actuar. Había ido perdiendo el respeto hacia sí misma.

Desde entonces, observaba cómo crecía Teo y se alegraba de que cada día estuviera más fuerte. Cuanto más brillaban los dientes del perro, la madre sentía cómo las paredes de su hogar se ensanchaban. Algún día tendría que plantarle cara al miedo y despegar sus alas.

Manolo no paró de entrenarlo. Su juego favorito había cambiado y ya no se sumergía en su mundo. Esperaba dejar de oír portazos, gritos, empujones y objetos volando hasta romperse contra el suelo. En sus manos estaba el poder de cambiar el destino de su madre. Si había otra amenaza, Teo se rebelaría.

Y llegó el día en que Teo estuvo preparado.

A la próxima falta de respeto hacia su madre, hincó los dientes en las piernas del padre hasta desgarrárselas. El hombre aulló de dolor y quiso vengarse matando al perro, pero se encontró con la firmeza de sus hijos, que defendieron a la madre y a Teo.

—Cuidado con el padre —dijo el hermano mayor.

—Sí, voy a llamar a la policía.

Y Manolo pensó que, por primera vez, se atrevería a dibujar a su madre. Lo haría esa misma noche, entre el silencio de las sombras; para mostrarlo a todos a la mañana siguiente, a plena luz del día.

MI PARTICIPACIÓN EN EL TALLER DE LITERAUTAS Nº 57,

ENERO 2019

Imagen Creative Commons de Diogo Machado en FlickR

MARTA, POEMA EN IMAGEN

Ola de acuarela el alma,
de fría niebla decorada,
helada marea afligida,
de agitada pugna encogida.

Calmada y cerrada, tu mar
Mediterránea, no engullía tristeza,
ni la sombra de los cristales salados,
rugidos internos de tormenta.

Curvas te condujeron al exilio,
a tierras áridas, doradas y tan llanas
si no fuera por la cima del campanario
con su cigüeña de vuelo pausado.

Poniente allá, por fin, la mar perdida
donde afloran ramos abismales de olas,
último paraíso del Cabo de Fisterra,
golpeando, espumosas, acantilados.

La marea viva engulle un sorbo de sal;
tu mar profundo, Marta, de lágrimas
al viento como valles de perlas,
fundiéndose al lamento de las gaviotas.

Y es el horizonte, fuego encendido,
quién despierta el hogar de centellas
rojas, volcán del alma encendida,
consumida, peregrina, al bramido del océano.

Son vieras de estrellas inmigrantes
las oscuras rocas
de tus sentimientos aliviados;
fina arena entre las piernas.

Balance literario 2018

Cuando finaliza un año, puedes volver la vista hacia atrás para observar si has cumplido tus propósitos.

Me marqué el objetivo de leer un par de libros al mes y, aunque no lo he cumplido al cien por cien, ya que han sido un total de 21 libros, estoy contenta con el resultado, porque he aprendido de ellos, me han hecho pasar buenos momentos y han logrado hacerme reflexionar.

Los libros que me han acompañado durante 2018 han sido:

Las guerras de Elena (Los Lamarc II) de Marta Querol

El hombre de las marionetas de Jostein Gaarder

La señora Dalloway de Virginia Woolf

La hija del relojero de Kate Morton

Autorretrato sin mí de Fernando Aramburu

El extranjero de Albert Camus

Paraíso inhabitado de Ana María Matute

Las partículas elementales de Michel Houllebecq

No fotografíes soldados llorando de Jordi Sierra i Fabra

Qué vas a hacer con el resto de tu vida de Laura Ferrero

La paradoja del bibliotecario ciego de Ana Ballabriga y David Zaplana

Aquello que fuimos de Pilar Muñoz Álamo

Patria de Fernando Aramburu

Una de las tres de Mercedes Pinto Maldonado

Media vida de Care Santos

La isla de las mariposas de Corina Bomann

Regreso a tu piel de Luz Gabás

El final del ave Fénix (Los Lamarc I) de Marta Querol

Los días del abandono de Elena Ferrante

Por encima de la lluvia de Víctor del Árbol

Lo que encontré bajo el sofá de Eloy Moreno

Algunos libros que he leído este año

Este año he seguido con la lectura de escritores que conocía su estilo. Como ya me gustaba su prosa, he seguido sus siguientes publicaciones (Víctor del Árbol, Care Santos, Pilar Muñoz Álamo, Jordi Sierra i Fabra, Kate Morton, Eloy Moreno, Luz Gabás, Jostein Gaarder).

También he descubierto a otros autores.

Me gustó tanto la manera de escribir de Fernando Aramburu que he leído dos libros suyos durante este año:  Patria y Autorretrato sin mí  que es de una delicada belleza literaria. Prosa poética en estado puro que invita a pensar sobre la vida, la muerte, el paso de los años, el tiempo, la edad…

La escritora que más me ha impresionado ha sido Ana María Matute con Paraíso inhabitado. Una autora que tenía muchas ganas de descubrir y que no me ha decepcionado. Tenía unas altas expectativas con esa lectura.

Con la lectura de Las partículas elementales y El extranjero, estuve días reflexionando y analizándolas con detenimiento.

La lectura que leí más acelerada y probablemente tendré que releer para apreciar sus técnicas narrativas es la de “La señora Dalloway”.Me duró tres días, aunque la trama principal pasa en un solo día. Me permitió acercarme a Virginia Woolf y creo que en 2019 continuaré descubriéndola.

En Julio tuve la oportunidad de leer Aquello que fuimos. Nada más publicarse, la compré y la devoré durante las vacaciones. Enseguida me maravilló y me cautivó. Pude apreciar la calidad in crescendo que tiene Pilar en esta novela (es la tercera que me leo de la autora y no dejaré de leerla en un futuro). Al terminarlo, tuve la corazonada de que se merecía algo más. Y así ha sido.  Ha resultado ser la ganadora del Premio Indie Amazon 2018. La autora logra emocionar con cada letra, y además es una novela bien tramada narrativamente hablando. Y la configuran unos personajes bien definidos y creíbles.

En 2019 espero terminar la trilogía de Los Lamarc de Marta Querol. Esperaba terminarla este año, pero no me ha dado tiempo. El final del ave fénix con la que empieza, es una novela que atrapa y te dan ganas de leer sus próximos libros.

Los días del abandono y Qué vas a hacer con el resto de tu vida me invitaron a pensar a nivel más personal. Son novelas que te tocan y en las que puedes llegar a sentirte identificada.

Espero que el año que vamos a estrenar venga cargado de salud. Es un buen síntoma para seguir leyendo y disfrutando de las lecturas. Os deseo que entréis en él con buen pie. 

Creo que este próximo año seguiré con la tónica de leer dos libros al mes porque me parece alcanzable. Combinaré los dos formatos, en papel y en digital como ya he venido haciendo.

Ascendemos peldaños cada día con la #lectura. Cada historia importa y nos empapamos de ellas. No es una competición, ni pretendemos alcanzar ninguna cima, simplemente es una manera de vivir que nos enriquece. 
Mis mejores deseos para 2019.

Paula, poema en imagen

Imagen

Paula

¿Qué esculpirá el tiempo
después de una ruptura paralela?
Puede ser que el polvo haya permitido tejer
pálidas páginas privadas,
donde la lluvia todo lo borra.

Desmesurada la barriga, nueve meses
pugnan y palpitan por salir,
disfrazados disimulan largos sufrimientos
y un pánico punzante y preciso.

Naciste en un día húmedo,
como una pulpa, pequeña Paula,
con los pies mojados y los párpados tristes,
Fuiste heredera sin padrón, en plena noche
pobre, sola y abandonada.

Con el puño en la boca,
tu primera palabra,
cayó en un pozo profundo,
la segunda en un matojo de pinchos,
y, pellizcada el alma, hablaste precoz.

El tiempo con breves pinceladas,
transforma el cuerpo pueril y pinta curvas
finas y frutadas: los pechos como manzanas,
el pubis de melocotón, muslos como peras.

Te perjuraron amor eterno,
y sin cuentos de princesas te enamoraste,
Paula, hasta mariposas volaron
como primaveras pasajeras prolongadas,
aunque, a pesar de todo, no fueron perdurables.

Un drama muy familiar

A las tres de la madrugada se escuchó un grito que provenía del sótano de la vivienda. Nadie más podía saberlo, pero el experimento había salido mal. Otra vez.

Se despertó angustiado y, camino al sótano, se encontró de frente a su hija Lucía. Llevaba la blusa desabrochada y las mejillas todavía le ardían con un fulgor desconocido. Joaquín se resistió a comprender que su niña había dejado de serlo. Ella, ante su gesto de desconcierto, se deslizó rápida y fue directa a su habitación que cerró con cerrojo.

Por más que el padre gritara y aporreara la puerta, Lucía no saldría del cuarto.

Pero había alguien más en aquella vivienda y Joaquín tendría que descubrirlo. Se armó de valor y bajó a aquel sótano que olía a tabaco.

—Vuelve, Lucía… Volveremos a intentarlo cuando…

Fermín se encontró con los ojos severos de su tío. Se vistió lo más deprisa que pudo, olvidando el mechero y el tabaco. Aceleró sus deportivas y salió de allí pitando.

Joaquín todavía estuvo un buen rato en aquel sótano. Deslizó su mirada por aquellas cuatro paredes desnudas, las sentía tan cercanas que atizaban sus recuerdos.

Tapó la sangre todavía fresca de las sábanas con un trozo de manta y, supo que prohibir no era la actitud indicada para destruir aquel amor salvaje. Ellos, dieciséis años antes, tampoco habían podido.

La tentación le hizo encenderse un cigarro y rompió así su promesa de haberlo dejado antes. Otra vez, la historia se repetía en su familia:

—¡Maldita sea mi vida! Mi mujer se suicidó al enterarse de mi historia con la madre de Fermín. ¡Y yo soy el único culpable! Y ahora mis hijos… ¡Nadie puede sobrevivir a esto!

Hundió sus puños en aquel cutre colchón. Después, desolado, cogió el mechero, lo acercó a un trozo de tela y esperó.

A las seis de la madrugada un incendio, que provenía de aquel sótano, hizo salir a Lucía de su cuarto. Gritó el nombre de su padre repetidas veces, pero este ya no contestó.

La adolescente consiguió salir de la vivienda y pidió ayuda. Los bomberos llegaron.

***

Después de todo aquello y de la muerte de Joaquín, por lo contrario, a lo que pudiera pensarse, Lucía y Fermín no dejaron de verse.  Cada fin de semana, se reencontraban para continuar con el experimento, un eufemismo que el chico utilizaba para referirse al acto sexual.

Estaban bien juntos menos cuando Lucía recordaba el día en el que perdió su virginidad, porque le venía a la memoria tal nube de ausencia, que se sumía en tristeza absoluta durante varios días.

Al ver las lágrimas, al muchacho le recordaban a su propia madre y, el decaimiento que la acabó ahogando de pena. Pero Lucía, por mucho que lo intentaba, era incapaz de retenerlas y arrasaban su encanto a su paso. Eran la culpa sepultada al máximo y, aflorando sin remedio, en su amor prohibido. Fermín se iba y la dejaba sola.

Aquella última tarde que se vieron, Fermín la hizo salir a tomar algo. Después de beber en un bar, en plena calle la llevó a un discreto rincón y la besó.

Cuando aquel beso de noviembre se prolongó más de lo habitual, Lucía se temió lo peor. Olió la despedida a la legua y, en contra de la luz solar de aquel atardecer, entrelazó sus manos entre las suyas para amarrarlo un instante más, sintiéndose dueña de su tiempo. Al separarse, solo el frío húmedo del ambiente la devolvió a la realidad y, recordó que no tenía más poder sobre él.

—Tu pena me ahoga, Lucía —confesó Fermín nervioso al separarse—. Necesito tomarme un tiempo.

Una congoja, instalada en su garganta, impidió hablar a Lucía. Las lágrimas tampoco afloraron en aquel momento, pero se sentía empapada por aquel ambiente que fluía hacia lo temido.

Solo les envolvió un silencio, denso y cruel, el último que recordarían recurrentemente como algo doloroso. Y después, derrotados y exhaustos, sin nada que decirse, tomarían direcciones opuestas. Quizás para siempre.

Participación en el Taller de Escritura Literautas nº56

Imagen Creative Commons de Toni Verd en FlickR

Tomasa, poema en imagen

En el tren, la vida que te separa,
nadie sabe lo qué te depara,
la infidelidad reiterada no se repara,
Tomasa para la fuga se prepara.

En el primer vagón, te sientas, el otoño ya entrado
te vacía el rumor de los latidos,
la traición es un pincho afilado
que se te clava, con un gesto te quitas el anillo.

Las estaciones pasan, recibes llamadas que ignoras
y, otras, se pierden de prisa por el tránsito
que te recorre, el vientre rompe la tela y crece:
no es imagen de ilusiones soñadas de otros tiempos,
crece el vientre tierno que conecta tu ombligo
con un futuro de incertidumbres que te acunan.

Billete extinguido, bajas, dibuja el atardecer
una tajada de sandía en el horizonte, tu vientre
una naranja que crece en el solitario árbol
de tu existencia tocada y del revés.

Tomasa, nueve meses después,
he visto la luz no impúdica de tu pubis,
sin padre reconocido, dos gemelas,
cuando todo se rompe, salen tranquilas.

El olor de este viento de atardecer
enciende el amor maternal, que guarda
como una loba salvaje sus tesoros.

Y ahora, yaces más mustia, cuando ya has dado
todo tu jugo, tus pechos exprimidos caen
aunque tu sonrisa por las nubes se alza.

Úrsula, poema en imagen

El último milagro de la escalera:
saludan las vecinas a la pequeña Úrsula,
desconfianza en el pecho, acogida en el hogar
ultrapasas la alegría del pequeño universo.

Los astros enganchados en la pared brillan,
primera noche con nuevos juguetes,
duermes sola en una cama de pétalos, suave y cómoda
aunque el sueño no te vence, miedosa.

Temes perder, volver a la urbe
y te clavas las uñas bien adentro.
Una bruja pulula lo que te será quitado,
otra vez rondarás casas, oyes el aullido
de los monstruos que viven en el armario.

Tu grito alerta a la madre que llega,
útero seco; y el padre, esperma inmóvil.
Eres una osa pequeña que brilla en esta cama
que vuela sin naufragar, una esperanza,
la vida útil de quien tiene necesidad de amar.

El padre te lee un cuento de hadas que llegan
y tocan con la varita mágica una emoción,
Úrsula, la madre una taza de leche te prepara
con inexperiencia, pero el amor te absorbe.

Te adaptas lentamente a la nueva vida,
los niños de la escalera comparten los regalos,
orgullosa juegas con todos, y el día pasa volando.

Papeles, la adopción te hace formar parte de una familia
que te desea. Úrsula, ansiosa de juegos, que germinan todo el año. Los padres, un ungüento en el corazón.