Cuatro historias, un destino: LAURA

Esta noche me he vestido lo más lentamente posible y es que voy en contra de mi voluntad y con el corazón encogido a la despedida de soltera de Nieves. Se casa y yo ya no sé qué hacer. Desde el instituto que me gusta, pero nunca he recogido el valor suficiente para decírselo. Lo intenté hace unos cuantos años, pero las palabras se me quedaron trabadas en la garganta y el chicle, que entonces masticaba, se me paralizó dentro de la boca. Estábamos en la piscina de mi casa. Ella se bañaba y yo la contemplaba embriagada desde mi toalla. Le dije que no me quería bañar, porque de esta forma la podría observar desde otra óptica. Estábamos solas. Olga con el embarazo avanzado, salía poco de casa porque se cansaba con tanto calor y Sonia, que últimamente estaba muy extraña, se había ido con su madre a la gran ciudad.

Nieves salió al cabo de un rato y se aproximó. El agua le caía por su cuerpo bronceado cubierto mínimamente por un bikini violeta. Le aparté un cabello dorado imaginario de su pecho. Ella me sonrió con sus ojos verde azules, que yo creía que solo eran para mí y sentí como una oportunidad como esta no la tendría nunca más. Pero al final no pude hacerlo, me faltó valor, porque el temor a una simple negativa por parte de ella me petrificaba y, así me quedé, a la espera de otra oportunidad que nunca llegó.

Mis fantasías de aquellos meses pasaron por todos los tonos posibles de violeta, porque Nieves, al cambiarse de ropa, se olvidó su bikini encima de mi cama y yo me lo guardé como un trofeo. Aquel bikini lo olí repetidas veces. Un olor ácido, penetrante e íntimo que me hacía tenerla más cerca. Pero entonces, entre sueños y fantasías por mi parte, apareció Óscar en su vida.

Una noche de finales de verano, Nieves me lo explicó con pelos y señales sin saber lo que me llegó a herir. «Hay trenes que solo pasan una vez en la vida», me decía mi madre. Y yo cogí otro, en sentido contrario, que me alejó de ella, pero no de lo que sentía. Entre los estudios, intenté olvidarla, pero como los sentimientos no se pueden controlar, al final lo dejé por imposible. Salí, conocí gente nueva durante estos años y me llegué a perder por la gran ciudad, pero nunca sentí por nadie lo que llegué a sentir por Nieves.

Esta tarde he estado ocupada haciendo una práctica del máster que estoy acabando. Un anuncio publicitario de una marca de colonia fresca. He dibujado dos delfines que salen de una piscina. En medio he dibujado un frasco de colonia de color violeta rodeado de unos cabellos dorados. Parece mentira cómo estas cosas, que me recuerdan tanto a Nieves, me inspiran. Iré a la despedida y sé que mis alegrías serán falsas. No quiero pensar cómo me sentiré el día de la boda, pero el tiempo avanza sin detenerse…

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Cuatro historias, un destino: OLGA

Cuatro historias, un destino: SONIA

Continuará…

2 pensamientos en “Cuatro historias, un destino: LAURA

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