Me cubro a escondidas

Entre letras y palabras
escondo mi propio mundo;
huyo por el temblor de mis manos
y el ligero estupor de tus labios.

Me delatas en un día de nubes grises
entre los chopos y la pradera de sal;
salvajes mis ideas
que intentaste domesticar.

Me amago en un eterno despertar,
el sueño me cubre el aliento,
bella durmiente, que admiras
en la pared, que taladras como en un juego.

No regresaré ya más hacia ti.
Me he cansado de que no arriesgaras
ni un ápice de lo que te conté
aquel día, en el que no creíste en mí.

Y en tu lugar, vendrá la lluvia otoñal,
que tapará de hojas resecas
mi anhelo de hielo;
terca tu vida en el disparo
que volatizará mi nombre
por no pronunciar
un te quiero a tiempo.

Helena Sauras

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